El mérito no es de Israel
1 »Escucha, Israel: hoy vas a cruzar el Jordán para entrar y desposeer a naciones más grandes y fuertes que tú, que habitan en grandes ciudades con muros que llegan hasta el cielo.
2 Esa gente es poderosa y de gran estatura; ¡son losanaquitas! Tú ya los conoces y sabes que de ellos se dice: “¿Quién puede oponerse a los descendientes de Anac?”
3 Pero tú, entiende bien hoy que elSeñortu Dios avanzará al frente de ti, y que los destruirá como un fuego consumidor y los someterá a tu poder. Tú los expulsarás y los aniquilarás en seguida, tal como elSeñorte lo ha prometido.
4 »Cuando elSeñortu Dios los haya arrojado lejos de ti, no vayas a pensar: “ElSeñorme ha traído hasta aquí, por mi propia justicia, para tomar posesión de esta tierra”. ¡No! ElSeñorexpulsará a esas naciones por la maldad que las caracteriza.
5 De modo que no es por tu justicia ni por tu rectitud por lo que vas a tomar posesión de su tierra. ¡No! La propia maldad de esas naciones hará que elSeñortu Dios las arroje lejos de ti. Así cumplirá lo que juró a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.
6 Entiende bien que eres un pueblo terco, y que tu justicia y tu rectitud no tienen nada que ver con que elSeñortu Dios te dé en posesión esta buena tierra.
El becerro de oro
7 »Recuerda esto, y nunca olvides cómo provocaste la ira delSeñortu Dios en el desierto. Desde el día en que saliste de Egipto hasta tu llegada aquí, has sido rebelde contra elSeñor.
8 A tal grado provocaste su enojo en Horeb, que estuvo a punto de destruirte.
9 Cuando subí a la montaña para recibir las tablas de piedra, es decir, las tablas delpactoque elSeñorhabía hecho contigo, me quedé en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, y no comí pan ni bebí agua.
10 Allí elSeñorme dio dos tablas de piedra, en las que él mismo escribió todas las palabras que proclamó desde la montaña, de en medio del fuego, el día de la asamblea.
11 »Pasados los cuarenta días y las cuarenta noches, elSeñorme dio las dos tablas de piedra, es decir, las tablas del pacto,
12 y me dijo: “Levántate y baja de aquí en seguida, porque ese pueblo tuyo, que sacaste de Egipto, se ha descarriado. Bien pronto se han apartado delcaminoque les mandé seguir, y se han fabricado un ídolo de metal fundido”.
13 »También me dijo: “He visto a este pueblo, y ¡realmente es un pueblo terco!
14 Déjame que lo destruya y borre hasta el recuerdo de sunombre. De ti, en cambio, haré una nación más fuerte y numerosa que la de ellos”.
15 »Luego me di vuelta y bajé de la montaña que ardía en llamas. En las manos traía yo las dos tablas del pacto.
16 Entonces vi que ustedes habían pecado contra elSeñorsu Dios, pues se habían fabricado un ídolo fundido con forma de becerro. ¡Bien pronto se habían apartado del camino que elSeñorles había trazado!
17 Así que tomé las dos tablas que traía en las manos y las arrojé al suelo, haciéndolas pedazos delante de ustedes.
18 »Nuevamente me postré delante delSeñorcuarenta días y cuarenta noches, y no comí pan ni bebí agua. Lo hice por el gran pecado que ustedes habían cometido al hacer lo malo a los ojos delSeñor, provocando así su ira.
19 Tuve verdadero miedo del enojo y de la ira delSeñor, pues a tal grado se indignó contra ustedes, que quiso destruirlos. Sin embargo, elSeñorme escuchó una vez más.
20 Así mismo, tan enojado estaba elSeñorcontra Aarón que quería destruirlo, y también en esa ocasión intercedí por él.
21 Luego agarré el becerro que ustedes se fabricaron, ese ídolo que los hizo pecar, y lo quemé en el fuego; lo desmenucé y lo reduje a polvo fino, y arrojé el polvo al arroyo que baja de la montaña.
22 »En Taberá, en Masá y en Quibrot Hatavá ustedes provocaron también la indignación delSeñor,
23 lo mismo que cuando elSeñorlos envió desde Cades Barnea y les dijo: “Vayan y tomen posesión de la tierra que les he dado”. Ustedes se rebelaron contra la orden delSeñorsu Dios; no confiaron en él ni le obedecieron.
24 ¡Desde que los conozco han sido rebeldes alSeñor!
25 »Como elSeñorhabía dicho que los destruiría, yo me quedé postrado ante él esos cuarenta días y cuarenta noches.
26 Oré alSeñory le dije: “Señory Dios, ¡no destruyas tu propia heredad, el pueblo que por tu grandeza redimiste y sacaste de Egipto con gran despliegue de fuerza!
27 ¡Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob! Pasa por alto la terquedad de este pueblo, y su maldad y su pecado,
28 no sea que allá, en el país de donde nos sacaste, digan: ‘ElSeñorno pudo llevarlos a la tierra que les había prometido. Y, como los aborrecía, los sacó para que murieran en el desierto’.
29 Después de todo, ellos son tu propia heredad; son el pueblo que sacaste con gran despliegue de fuerza y de poder”.