Génesis 32

Jacob envía mensajeros a Esaú

1 Jacob también siguió su camino, pero unos ángeles de Dios salieron a su encuentro.

2 Al verlos, exclamó: «¡Este es el campamento de Dios!» Por eso llamó a ese lugar Majanayin.

3 Luego Jacob envió mensajeros a su hermano Esaú, que estaba en la tierra de Seír, en la región de Edom.

4 Y les ordenó que le dijeran: «Mi señor Esaú, su siervo Jacob nos ha enviado a decirle que él ha vivido en la casa de Labán todo este tiempo,

5 y que ahora tiene vacas, asnos, ovejas, esclavos y esclavas. Le manda este mensaje, con la esperanza de ganarse su favor».

6 Cuando los mensajeros regresaron, le dijeron a Jacob: «Fuimos a hablar con su hermano Esaú, y ahora viene al encuentro de usted, acompañado de cuatrocientos hombres».

7 Jacob sintió mucho miedo, y se puso muy angustiado. Por eso dividió en dos grupos a la gente que lo acompañaba, y lo mismo hizo con las ovejas, las vacas y los camellos,

8 pues pensó: «Si Esaú ataca a un grupo, el otro grupo podrá escapar».

9 Entonces Jacob se puso a orar: «Señor, Dios de mi abuelo Abraham y de mi padre Isaac, que me dijiste que regresara a mi tierra y a mis familiares, y que me harías prosperar:

10 realmente yo, tu siervo, no soy digno de la bondad y fidelidad con que me has privilegiado. Cuando crucé este río Jordán, no tenía más que mi bastón; pero ahora he llegado a formar dos campamentos.

11 ¡Líbrame del poder de mi hermano Esaú, pues tengo miedo de que venga a matarme a mí y a las madres y a los niños!

12 Tú mismo afirmaste que me harías prosperar, y que mis descendientes serían tan numerosos como la arena del mar, que no se puede contar».

13 Jacob pasó la noche en aquel lugar, y de lo que tenía consigo escogió, como regalo para su hermano Esaú,

14 doscientas cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros,

15 treinta camellas con sus crías, cuarenta vacas, diez novillos, veinte asnas y diez asnos.

16 Luego los puso a cargo de sus siervos, cada manada por separado, y les dijo: «Vayan adelante, pero dejen un buen espacio entre manada y manada».

17 Al que iba al frente, le ordenó: «Cuando te encuentres con mi hermano Esaú y te pregunte de quién eres, a dónde te diriges y de quién es el ganado que llevas,

18 le contestarás: “Es un regalo para usted, mi señor Esaú, que de sus ganados le manda su siervo Jacob. Además, él mismo viene detrás de nosotros”».

19 Jacob les dio la misma orden al segundo y al tercer grupo, y a todos los demás que iban detrás del ganado. Les dijo: «Cuando se encuentren con Esaú, le dirán todo esto,

20 y añadirán: “Su siervo Jacob viene detrás de nosotros”».

Jacob pensaba: «Lo apaciguaré con los regalos que le llegarán primero, y luego me presentaré ante él; tal vez así me reciba bien».

21 De esta manera los regalos lo precedieron, pero Jacob se quedó esa noche en el campamento.

Jacob lucha con un ángel

22 Aquella misma noche Jacob se levantó, tomó a sus dos esposas, a sus dos esclavas y a sus once hijos, y cruzó el vado del río Jaboc.

23 Una vez que lo habían cruzado, hizo pasar también todas sus posesiones,

24 quedándose solo. Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer.

25 Cuando ese hombre se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo tocó en la coyuntura de la cadera, y esta se le dislocó mientras luchaban.

26 Entonces el hombre le dijo:

―¡Suéltame, que ya está por amanecer!

―¡No te soltaré hasta que me bendigas! —respondió Jacob.

27 ―¿Cómo te llamas? —le preguntó el hombre.

―Me llamo Jacob —respondió.

28 Entonces el hombre le dijo:

―Ya no te llamarás Jacob, sino Israel,porque has luchado con Dios y con loshombres, y has vencido.

29 ―Y tú, ¿cómo te llamas? —le preguntó Jacob.

―¿Por qué preguntas cómo me llamo? —le respondió el hombre.

Y en ese mismo lugar lo bendijo.

30 Jacob llamó a ese lugar Penuel,porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y todavía sigo convida».

31 Cruzaba Jacob por el lugar llamado Penuel, cuando salió el sol. A causa de su cadera dislocada iba rengueando.

32 Por esta razón los israelitas no comen el tendón que está en la coyuntura de la cadera, porque a Jacob se le tocó en dicho tendón.

Génesis 33

Encuentro de Jacob con Esaú

1 Cuando Jacob alzó la vista y vio que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lea, Raquel y las dos esclavas.

2 Al frente de todos colocó a las criadas con sus hijos, luego a Lea con sus hijos, y por último a Raquel con José.

3 Jacob, por su parte, se adelantó a ellos, inclinándose hasta el suelo siete veces mientras se iba acercando a su hermano.

4 Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó. Entonces los dos se pusieron a llorar.

5 Luego Esaú alzó la vista y, al ver a las mujeres y a los niños, preguntó:

―¿Quiénes son estos que te acompañan?

―Son los hijos que Dios le ha concedido a tu siervo —respondió Jacob.

6 Las esclavas y sus hijos se acercaron y se inclinaron ante Esaú.

7 Luego, Lea y sus hijos hicieron lo mismo y, por último, también se inclinaron José y Raquel.

8 ―¿Qué significan todas estas manadas que han salido a mi encuentro? —preguntó Esaú.

―Intentaba con ellas ganarme tu confianza —contestó Jacob.

9 ―Hermano mío —repuso Esaú—, ya tengo más que suficiente. Quédate con lo que te pertenece.

10 ―No, por favor —insistió Jacob—; si me he ganado tu confianza, acepta este presente que te ofrezco. Ya que me has recibido tan bien, ¡ver tu rostro es como ver a Dios mismo!

11 Acéptame el regalo que te he traído. Dios ha sido muy bueno conmigo, y tengo más de lo que necesito.

Fue tanta la insistencia de Jacob que, finalmente, Esaú aceptó.

12 Más tarde, Esaú le dijo:

―Sigamos nuestro viaje; yo te acompañaré.

13 Pero Jacob se disculpó:

―Mi hermano y señor debe saber que los niños son todavía muy débiles, y que las ovejas y las vacas acaban de tener cría, y debo cuidarlas. Si les exijo demasiado, en un solo día se me puede morir todo el rebaño.

14 Es mejor que mi señor se adelante a su siervo, que yo seguiré al paso de la manada y de los niños, hasta que nos encontremos en Seír.

15 ―Está bien —accedió Esaú—, pero permíteme dejarte algunos de mis hombres para que te acompañen.

―¿Para qué te vas a molestar? —contestó Jacob—. Lo importante es que me he ganado tu confianza.

16 Aquel mismo día, Esaú regresó a Seír.

17 Jacob, en cambio, se fue hacia Sucot, y allí se hizo una casa para él y cobertizos para su ganado. Por eso a ese lugar se le llamó Sucot.

18 Cuando Jacob volvió de Padán Aram,llegó sano y salvo a la ciudad de Siquén, en Canaán, y acampó frente a ella.

19 Luego, por cien monedas de platales compró una parcela a los hijos de Jamor, el padre de Siquén, y allí instaló su carpa.

20 También construyó un altar, y lo llamó El Elohé Israel.

Génesis 34

Rapto y violación de Dina

1 En cierta ocasión Dina, la hija que Jacob tuvo con Lea, salió a visitar a las mujeres del lugar.

2 Cuando la vio Siquén, que era hijo de Jamor el heveo, jefe del lugar, la agarró por la fuerza, se acostó con ella y la violó.

3 Pero luego se enamoró de ella y trató de ganarse su afecto.

4 Entonces le dijo a su padre: «Consígueme a esta muchacha para que sea mi esposa».

5 Jacob se enteró de que Siquén había violado a su hija Dina, pero, como sus hijos estaban en el campo cuidando el ganado, no dijo nada hasta que ellos regresaron.

6 Mientras tanto Jamor, el padre de Siquén, salió en busca de Jacob para hablar con él.

7 Cuando los hijos de Jacob volvieron del campo y se enteraron de lo sucedido, quedaron muy dolidos y, a la vez, llenos de ira. Siquén había cometido una ofensa muy grande contra Israel al abusar de su hija; era algo que nunca debió haber hecho.

8 Pero Jamor les dijo:

―Mi hijo Siquén está enamorado de la hermana de ustedes. Por favor, permitan que ella se case con él.

9 Háganse parientes nuestros. Intercambiemos nuestras hijas en casamiento.

10 Así ustedes podrán vivir entre nosotros y el país quedará a su disposición para que lo habiten, hagan negociosy adquieran terrenos.

11 Siquén, por su parte, les dijo al padre y a los hermanos de Dina:

―Si ustedes me hallan digno de su favor, yo les daré lo que me pidan.

12 Pueden pedirme cuanta dote quieran, y exigirme muchos regalos, pero permitan que la muchacha se case conmigo.

13 Sin embargo, por el hecho de que su hermana Dina había sido deshonrada, los hijos de Jacob les respondieron con engaños a Siquén y a su padre Jamor.

14 ―Nosotros no podemos hacer algo así —les explicaron—. Sería una vergüenza para todos nosotros entregarle nuestra hermana a un hombre que no está circuncidado.

15 Solo aceptaremos con esta condición: que todos los varones entre ustedes se circunciden para que sean como nosotros.

16 Entonces sí intercambiaremos nuestras hijas con las de ustedes en casamiento, y viviremos entre ustedes y formaremos un solo pueblo.

17 Pero, si no aceptan nuestra condición de circuncidarse, nos llevaremos a nuestra hermanay nos iremos de aquí.

18 Jamor y Siquén estuvieron de acuerdo con la propuesta;

19 y tan enamorado estaba Siquén de la hija de Jacob que no demoró en circuncidarse.

Como Siquén era el hombre más respetado en la familia,

20 su padre Jamor lo acompañó hasta la entrada de la ciudad, y allí hablaron con todos sus conciudadanos. Les dijeron:

21 ―Estos hombres se han portado como amigos. Dejen que se establezcan en nuestro país, y que lleven a cabo sus negocios aquí, ya que hay suficiente espacio para ellos. Además, nosotros nos podremos casar con sus hijas, y ellos con las nuestras.

22 Pero ellos aceptan quedarse entre nosotros y formar un solo pueblo, con una sola condición: que todos nuestros varones se circunciden, como lo hacen ellos.

23 Aceptemos su condición, para que se queden a vivir entre nosotros. De esta manera su ganado, sus propiedades y todos sus animales serán nuestros.

24 Todos los que se reunían a la entrada de la ciudad estuvieron de acuerdo con Jamor y con su hijo Siquén, y fue así como todos los varones fueron circuncidados.

25 Al tercer día, cuando los varones todavía estaban muy adoloridos, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, empuñaron cada uno su espada y fueron a la ciudad, donde los varones se encontraban desprevenidos, y los mataron a todos.

26 También mataron a filo de espada a Jamor y a su hijo Siquén, sacaron a Dina de la casa de Siquén y se retiraron.

27 Luego los otros hijos de Jacob llegaron y, pasando sobre los cadáveres, saquearon la ciudad en venganza por la deshonra que había sufrido su hermana.

28 Se apropiaron de sus ovejas, ganado y asnos, y de todo lo que había en la ciudad y en el campo.

29 Se llevaron todos sus bienes, y sus hijos y mujeres, y saquearon todo lo que encontraron en las casas.

30 Entonces Jacob les dijo a Simeón y Leví:

―Me han provocado un problema muy serio. De ahora en adelante los cananeos y ferezeos, habitantes de este lugar, me van a odiar. Si ellos se unen contra mí y me atacan, me matarán a mí y a toda mi familia, pues cuento con muy pocos hombres.

31 Pero ellos replicaron:

―¿Acaso podíamos dejar que él tratara a nuestra hermana como a una prostituta?

Génesis 35

Jacob vuelve a Betel

1 Dios le dijo a Jacob: «Ponte en marcha, y vete a vivir a Betel. Erige allí un altar al Dios que se te apareció cuando escapabas de tu hermano Esaú».

2 Entonces Jacob dijo a su familia y a quienes lo acompañaban: «Desháganse de todos los dioses extraños que tengan con ustedes, purifíquense y cámbiense de ropa.

3 Vámonos a Betel. Allí construiré un altar al Dios que me socorrió cuando estaba yo en peligro, y que me ha acompañado en mi camino».

4 Así que le entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían, junto con los aretes que llevaban en las orejas, y Jacob los enterró a la sombra de la encina que estaba cerca de Siquén.

5 Cuando partieron, nadie persiguió a la familia de Jacob, porque un terror divino se apoderó de las ciudades vecinas.

6 Fue así como Jacob y quienes lo acompañaban llegaron a Luz, es decir, Betel, en la tierra de Canaán.

7 Erigió un altar y llamó a ese lugar El Betel,porque allí se le había revelado Dios cuando escapaba de su hermano Esaú.

8 Por esos días murió Débora, la nodriza de Rebeca, y la sepultaron a la sombra de la encina que se encuentra cerca de Betel. Por eso Jacob llamó a ese lugar Elón Bacut.

9 Cuando Jacob regresó de Padán Aram,Dios se le apareció otra vez y lo bendijo

10 con estas palabras: «Tunombrees Jacob,pero ya no te llamarás así. De aquí en adelante te llamarás Israel».Y, en efecto, ese fue el nombre que le puso.

11 Luego Dios añadió: «Yo soy el DiosTodopoderoso. Sé fecundo y multiplícate. De ti nacerá una nación y una comunidad de naciones, y habrá reyes entre tus vástagos.

12 La tierra que les di a Abraham y a Isaac te la doy a ti, y también a tus descendientes».

13 Y Dios se alejó del lugar donde había hablado con Jacob.

14 Jacob erigió unaestelade piedra en el lugar donde Dios le había hablado. Vertió sobre ella una libación, y la ungió con aceite,

15 y al lugar donde Dios le había hablado lo llamó Betel.

Muerte de Raquel y de Isaac

16 Después partieron de Betel. Cuando todavía estaban lejos de Efrata, Raquel dio a luz, pero tuvo un parto muy difícil.

17 En el momento más difícil del parto, la partera le dijo: «¡No temas; estás por tener otro varón!»

18 No obstante, ella se estaba muriendo, y en sus últimos suspiros alcanzó a llamar a su hijo Benoní,pero Jacob, su padre, le puso pornombreBenjamín.

19 Así murió Raquel, y la sepultaron en el camino que va hacia Efrata, que es Belén.

20 Sobre la tumba Jacob erigió una estela, que hasta el día de hoy señala el lugar donde Raquel fue sepultada.

21 Israel siguió su camino y acampó más allá de Migdal Edar.

22 Mientras vivía en esa región, Rubén fue y se acostó con Bilhá, la concubina de su padre. Cuando Israel se enteró de esto, se enojó muchísimo.

Jacob tuvo doce hijos:

23 Los hijos de Lea fueron Rubén, que era el primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.

24 Los hijos de Raquel fueron José y Benjamín.

25 Los hijos de Bilhá, la esclava de Raquel, fueron Dan y Neftalí.

26 Los hijos de Zilpá, la esclava de Lea, fueron Gad y Aser.

Estos fueron los hijos que tuvo Jacob en Padán Aram.

27 Jacob volvió a la casa de su padre Isaac en Mamré, cerca de Quiriat Arbá, es decir, Hebrón, donde también habían vivido Abraham e Isaac.

28 Isaac tenía ciento ochenta años

29 cuando se reunió con sus antepasados. Era ya muy anciano cuando murió, y lo sepultaron sus hijos Esaú y Jacob.

Génesis 36

Descendientes de Esaú

1 Estos son los descendientes de Esaú, o sea Edom.

2 Esaú se casó con mujeres cananeas: con Ada, hija de Elón el hitita; con Aholibama, hija de Aná y nieta de Zibeón el heveo;

3 y con Basemat, hija de Ismael y hermana de Nebayot.

4 Esaú tuvo estos hijos: con Ada tuvo a Elifaz; con Basemat, a Reuel;

5 con Aholibama, a Jeús, Jalán y Coré. Estos fueron los hijos que tuvo Esaú mientras vivía en la tierra de Canaán.

6 Después Esaú tomó a sus esposas, hijos e hijas, y a todas las personas que lo acompañaban, junto con su ganado y todos sus animales, y todos los bienes que había adquirido en la tierra de Canaán, y se trasladó a otra región para alejarse de su hermano Jacob.

7 Los dos habían acumulado tantos bienes que no podían estar juntos; la tierra donde vivían no bastaba para alimentar al ganado de ambos.

8 Fue así como Esaú, o sea Edom, se asentó en la región montañosa de Seír.

9 Estos son los descendientes de Esaú, padre de los edomitas, que habitaron en la región montañosa de Seír.

10 Los nombres de sus hijos son estos:

Elifaz hijo de Ada, esposa de Esaú; y Reuel hijo de Basemat, esposa de Esaú.

11 Los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatán y Quenaz.

12 Elifaz tuvo un hijo con una concubina suya, llamada Timná, al que llamó Amalec.

Todos estos fueron nietos de Ada, esposa de Esaú.

13 Los hijos de Reuel fueron Najat, Zera, Sama y Mizá. Estos fueron los nietos de Basemat, esposa de Esaú.

14 Los hijos de la otra esposa de Esaú, Aholibama, que era hija de Aná y nieta de Zibeón fueron Jeús, Jalán y Coré.

15 Estos fueron los jefes de los descendientes de Esaú:

De los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, los jefes fueron Temán, Omar, Zefo, Quenaz,

16 Coré, Gatán y Amalec. Estos fueron los jefes de los descendientes de Elifaz en la tierra de Edom, y todos ellos fueron nietos de Ada.

17 De los hijos de Reuel hijo de Esaú, los jefes fueron Najat, Zera, Sama y Mizá.

Estos fueron los jefes de los descendientes de Reuel en la tierra de Edom, y todos ellos fueron nietos de Basemat, esposa de Esaú.

18 De los hijos de Aholibama, hija de Aná y esposa de Esaú, los jefes fueron Jeús, Jalán y Coré.

19 Estos fueron descendientes de Esaú, también llamado Edom, y a su vez jefes de sus respectivas tribus.

20 Estos fueron los descendientes de Seír el horeo, que habitaban en aquella región:

Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,

21 Disón, Ezer y Disán. Estos descendientes de Seír fueron los jefes de los horeos en la tierra de Edom.

22 Los hijos de Lotán fueron Horí y Homán. Lotán tenía una hermana llamada Timná.

23 Los hijos de Sobal fueron: Alván, Manajat, Ebal, Sefó y Onam.

24 Los hijos de Zibeón fueron Ayá y Aná. Este último es el mismo que encontró las aguas termalesen el desierto mientras cuidaba los asnos de su padre Zibeón.

25 Los hijos de Aná fueron: Disón y Aholibama, hija de Aná.

26 Los hijos de Disón fueron Hemdán, Esbán, Itrán y Querán.

27 Los hijos de Ezer fueron Bilán, Zaván y Acán.

28 Los hijos de Disán fueron Uz y Arán.

29 Los jefes de los horeos fueron Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,

30 Disón, Ezer y Disán. Cada uno de ellos fue jefe de su tribu en la región de Seír.

Los reyes de Edom

31 Antes de que los israelitas tuvieran rey, estos fueron los reyes que reinaron en el país de Edom:

32 Bela hijo de Beor, que reinó en Edom. El nombre de su ciudad era Dinaba.

33 Cuando murió Bela, reinó en su lugar Jobab hijo de Zera, que provenía de Bosra.

34 Cuando murió Jobab, reinó en su lugar Jusán, que venía de la región de Temán.

35 Cuando murió Jusán, reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad. Este derrotó a Madián en el campo de Moab. El nombre de su ciudad era Avit.

36 Cuando murió Hadad, reinó en su lugar Samla, que era del pueblo de Masreca.

37 Cuando murió Samla, reinó en su lugar Saúl de Rejobot del Río.

38 Cuando murió Saúl, reinó en su lugar Baal Janán hijo de Acbor.

39 Cuando murió Baal Janán hijo de Acbor, reinó en su lugar Hadad.El nombre de su ciudad era Pau. Su esposa se llamaba Mehitabel, y era hija de Matred y nieta de Mezab.

40 Estos son los nombres de los jefes que descendieron de Esaú, cada uno según su clan y región: Timná, Alvá, Jetet,

41 Aholibama, Elá, Pinón,

42 Quenaz, Temán, Mibzar,

43 Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom, según los lugares que habitaron.

Este fue Esaú, padre de los edomitas.

Génesis 37

Los sueños de José

1 Jacob se estableció en la tierra de Canaán, donde su padre había residido como extranjero.

2 Esta es la historia de Jacob y su familia.

Cuando José tenía diecisiete años, apacentaba el rebaño junto a sus hermanos, los hijos de Bilhá y de Zilpá, que eran concubinas de su padre. El joven José solía informar a su padre de la mala fama que tenían estos hermanos suyos.

3 Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque lo había tenido en su vejez. Por eso mandó que le confeccionaran una túnica muy elegante.

4 Viendo sus hermanos que su padre amaba más a José que a ellos, comenzaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.

5 Cierto día José tuvo un sueño y, cuando se lo contó a sus hermanos, estos le tuvieron más odio todavía,

6 pues les dijo:

―Préstenme atención, que les voy a contar lo que he soñado.

7 Resulta que estábamos todos nosotros en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se levantó y quedó erguida, mientras que las de ustedes se juntaron alrededor de la mía y le hicieron reverencias.

8 Sus hermanos replicaron:

―¿De veras crees que vas a reinar sobre nosotros, y que nos vas a someter?

Y lo odiaron aún más por los sueños que él les contaba.

9 Después José tuvo otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Les dijo:

―Tuve otro sueño, en el que veía que el sol, la luna y once estrellas me hacían reverencias.

10 Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió:

―¿Qué quieres decirnos con este sueño que has tenido? —le preguntó—. ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo vendremos a hacerte reverencias?

11 Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre meditaba en todo esto.

José es vendido por sus hermanos

12 En cierta ocasión, los hermanos de José se fueron a Siquén para apacentar las ovejas de su padre.

13 Israel le dijo a José:

―Tus hermanos están en Siquén apacentando las ovejas. Quiero que vayas a verlos.

―Está bien —contestó José.

14 Israel continuó:

―Vete a ver si tus hermanos y el rebaño están bien, y tráeme noticias frescas.

Y lo envió desde el valle de Hebrón. Cuando José llegó a Siquén,

15 un hombre lo encontró perdido en el campo y le preguntó:

―¿Qué andas buscando?

16 ―Ando buscando a mis hermanos —contestó José—. ¿Podría usted indicarme dónde están apacentando el rebaño?

17 ―Ya se han marchado de aquí —le informó el hombre—. Les oí decir que se dirigían a Dotán.

José siguió buscando a sus hermanos, y los encontró cerca de Dotán.

18 Como ellos alcanzaron a verlo desde lejos, antes de que se acercara tramaron un plan para matarlo.

19 Se dijeron unos a otros:

―Ahí viene ese soñador.

20 Ahora sí que le llegó la hora. Vamos a matarlo y echarlo en una de estas cisternas, y diremos que lo devoró un animal salvaje. ¡Y a ver en qué terminan sus sueños!

21 Cuando Rubén escuchó esto, intentó librarlo de las garras de sus hermanos, así que les propuso:

―No lo matemos.

22 No derramen sangre. Arrójenlo en esta cisterna en el desierto, pero no le pongan la mano encima.

Rubén dijo esto porque su intención era rescatar a José y devolverlo a su padre.

23 Cuando José llegó adonde estaban sus hermanos, le arrancaron la túnica muy elegante,

24 lo agarraron y lo echaron en una cisterna que estaba vacía y seca.

25 Luego se sentaron a comer. En eso, al levantar la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad. Sus camellos estaban cargados de perfumes, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.

26 Entonces Judá les propuso a sus hermanos:

―¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte?

27 En vez de eliminarlo, vendámoslo a los ismaelitas; al fin de cuentas, es nuestro propio hermano.

Sus hermanos estuvieron de acuerdo con él,

28 así que cuando los mercaderes madianitas se acercaron, sacaron a José de la cisterna y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Fue así como se llevaron a José a Egipto.

29 Cuando Rubén volvió a la cisterna y José ya no estaba allí, se rasgó las vestiduras en señal de duelo.

30 Regresó entonces adonde estaban sus hermanos, y les reclamó:

―¡Ya no está ese muchacho! Y ahora, ¿qué hago?

31 En seguida los hermanos tomaron la túnica especial de José, degollaron un cabrito, y con la sangre empaparon la túnica.

32 Luego la mandaron a su padre con el siguiente mensaje: «Encontramos esto. Fíjate bien si es o no la túnica de tu hijo».

33 En cuanto Jacob la reconoció, exclamó: «¡Sí, es la túnica de mi hijo! ¡Seguro que un animal salvaje se lo devoró y lo hizo pedazos!»

34 Y Jacob se rasgó las vestiduras y se vistió de luto, y por mucho tiempo hizo duelo por su hijo.

35 Todos sus hijos y sus hijas intentaban calmarlo, pero él no se dejaba consolar, sino que decía: «No. Guardaré luto hasta que descienda alsepulcropara reunirme con mi hijo». Así Jacob siguió llorando la muerte de José.

36 En Egipto, los madianitaslo vendieron a un tal Potifar, funcionario del faraón y capitán de la guardia.

Génesis 38

Judá y Tamar

1 Por esos días, Judá se apartó de sus hermanos y se fue a vivir a la casa de un hombre llamado Hirá, residente del pueblo de Adulán.

2 Allí Judá conoció a una mujer, hija de un cananeo llamado Súa, y se casó con ella. Luego de tener relaciones con él,

3 ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er.

4 Tiempo después volvió a concebir, y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán.

5 Pasado el tiempo tuvo otro hijo, al que llamó Selá, el cual nació en Quezib.

6 Judá consiguió para Er, su hijo mayor, una esposa que se llamaba Tamar.

7 Pero alSeñorno le agradó la conducta del primogénito de Judá, y le quitó la vida.

8 Entonces Judá le dijo a Onán: «Cásate con la viuda de tu hermano y cumple con tu deber de cuñado; así le darás descendencia a tu hermano».

9 Pero Onán sabía que los hijos que nacieran no serían reconocidos como suyos. Por eso, cada vez que tenía relaciones con ella, derramaba el semen en el suelo, y así evitaba que su hermano tuviera descendencia.

10 Esta conducta ofendió mucho alSeñor, así que también a él le quitó la vida.

11 Entonces Judá le dijo a su nuera Tamar: «Quédate como viuda en la casa de tu padre, hasta que mi hijo Selá tenga edad de casarse». Pero en realidad Judá pensaba que Selá podría morirse, lo mismo que sus hermanos. Así que Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.

12 Después de mucho tiempo, murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Al concluir el tiempo de duelo, Judá fue al pueblo de Timnat para esquilar sus ovejas. Lo acompañó su amigo Hirá, el adulanita.

13 Cuando Tamar se enteró de que su suegro se dirigía hacia Timnat para esquilar sus ovejas,

14 se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo para que nadie la reconociera, y se sentó a la entrada del pueblo de Enayin, que está en el camino a Timnat. Esto lo hizo porque se dio cuenta de que Selá ya tenía edad de casarse y aún no se lo daban a ella por esposo.

15 Cuando Judá la vio con el rostro cubierto, la tomó por una prostituta.

16 No sabiendo que era su nuera, se acercó a la orilla del camino y le dijo:

―Deja que me acueste contigo.

―¿Qué me das si te digo que sí? —le preguntó ella.

17 ―Te mandaré uno de los cabritos de mi rebaño —respondió Judá.

―Está bien —respondió ella—, pero déjame algo en garantía hasta que me lo mandes.

18 ―¿Qué prenda quieres que te deje? —preguntó Judá.

―Dame tu sello y su cordón, y el bastón que llevas en la mano —respondió Tamar.

Judá se los entregó, se acostó con ella y la dejó embarazada.

19 Cuando ella se levantó, se fue inmediatamente de allí, se quitó el velo y volvió a ponerse la ropa de viuda.

20 Más tarde, Judá envió el cabrito por medio de su amigo adulanita, para recuperar las prendas que había dejado con la mujer; pero su amigo no dio con ella.

21 Entonces le preguntó a la gente del lugar:

―¿Dónde está la prostitutade Enayin, la que se sentaba junto al camino?

―Aquí nunca ha habido una prostituta así —le contestaron.

22 El amigo regresó adonde estaba Judá y le dijo:

―No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me informó que allí nunca había estado una prostituta como esa.

23 ―Que se quede con las prendas —replicó Judá—; no es cuestión de que hagamos el ridículo. Pero que quede claro: yo le envié el cabrito, y tú no la encontraste.

24 Como tres meses después, le informaron a Judá lo siguiente:

―Tu nuera Tamar se ha prostituido, y como resultado de sus andanzas ha quedado embarazada.

―¡Sáquenla y quémenla! —exclamó Judá.

25 Pero cuando la estaban sacando, ella mandó este mensaje a su suegro: «El dueño de estas prendas fue quien me embarazó. A ver si reconoce usted de quién son este sello, el cordón del sello, y este bastón».

26 Judá los reconoció y declaró: «Su conducta es más justa que la mía, pues yo no la di por esposa a mi hijo Selá». Y no volvió a acostarse con ella.

27 Cuando llegó el tiempo de que Tamar diera a luz, resultó que tenía mellizos en su seno.

28 En el momento de nacer, uno de los mellizos sacó la mano; la partera le ató un hilo rojo en la mano, y dijo: «Este salió primero».

29 Pero en ese momento el niño metió la mano, y salió primero el otro. Entonces la partera dijo: «¡Cómo te abriste paso!» Por eso al niño lo llamaron Fares.

30 Luego salió su hermano, con el hilo rojo atado en la mano, y lo llamaron Zera.

Génesis 39

José y la esposa de Potifar

1 Cuando José fue llevado a Egipto, los ismaelitas que lo habían trasladado allá lo vendieron a Potifar, un egipcio que era funcionario del faraón y capitán de su guardia.

2 Ahora bien, elSeñorestaba con José y las cosas le salían muy bien. Mientras José vivía en la casa de su patrón egipcio,

3 este se dio cuenta de que elSeñorestaba con José y lo hacía prosperar en todo.

4 José se ganó la confianza de Potifar, y este lo nombró mayordomo de toda su casa y le confió la administración de todos sus bienes.

5 Por causa de José, elSeñorbendijo la casa del egipcio Potifar a partir del momento en que puso a José a cargo de su casa y de todos sus bienes. La bendición delSeñorse extendió sobre todo lo que tenía el egipcio, tanto en la casa como en el campo.

6 Por esto Potifar dejó todo a cargo de José, y tan solo se preocupaba por lo que tenía que comer.

José tenía muy buen físico y era muy atractivo.

7 Después de algún tiempo, la esposa de su patrón empezó a echarle el ojo y le propuso:

―Acuéstate conmigo.

8 Pero José no quiso saber nada, sino que le contestó:

―Mire, señora: mi patrón ya no tiene que preocuparse de nada en la casa, porque todo me lo ha confiado a mí.

9 En esta casa no hay nadie más importante que yo. Mi patrón no me ha negado nada, excepto meterme con usted, que es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?

10 Y por más que ella lo acosaba día tras día para que se acostara con ella y le hiciera compañía, José se mantuvo firme en su rechazo.

11 Un día, en un momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente, José entró en la casa para cumplir con sus responsabilidades.

12 Entonces la mujer de Potifar lo agarró del manto y le rogó: «¡Acuéstate conmigo!»

Pero José, dejando el manto en manos de ella, salió corriendo de la casa.

13 Al ver ella que él había dejado el manto en sus manos y había salido corriendo,

14 llamó a los siervos de la casa y les dijo: «¡Miren!, el hebreo que nos trajo mi esposo solo ha venido a burlarse de nosotros. Entró a la casa con la intención de acostarse conmigo, pero yo grité con todas mis fuerzas.

15 En cuanto me oyó gritar, salió corriendo y dejó su manto a mi lado».

16 La mujer guardó el manto de José hasta que su marido volvió a su casa.

17 Entonces le contó la misma historia: «El esclavo hebreo que nos trajiste quiso aprovecharse de mí.

18 Pero en cuanto grité con todas mis fuerzas, salió corriendo y dejó su manto a mi lado».

19 Cuando el patrón de José escuchó de labios de su mujer cómo la había tratado el esclavo, se enfureció

20 y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey.

Pero aun en la cárcel

21 elSeñorestaba con él y no dejó de mostrarle su amor. Hizo que se ganara la confianza del guardia de la cárcel,

22 el cual puso a José a cargo de todos los prisioneros y de todo lo que allí se hacía.

23 Como elSeñorestaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos.

Génesis 40

El copero y el panadero

1 Tiempo después, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor.

2 El faraón se enojó contra estos dos funcionarios suyos, es decir, contra el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos,

3 así que los mandó presos a la casa del capitán de la guardia, que era la misma cárcel donde estaba preso José.

4 Allí el capitán de la guardia le encargó a José que atendiera a estos funcionarios.

Después de haber estado algún tiempo en la cárcel,

5 una noche los dos funcionarios, es decir, el copero y el panadero, tuvieron cada uno un sueño, cada sueño con su propio significado.

6 A la mañana siguiente, cuando José fue a verlos, los encontró muy preocupados,

7 y por eso les preguntó:

―¿Por qué andan hoy tan cabizbajos?

8 ―Los dos tuvimos un sueño —respondieron—, y no hay nadie que nos lo interprete.

―¿Acaso no es Dios quien da la interpretación? —preguntó José—. ¿Por qué no me cuentan lo que soñaron?

9 Entonces el jefe de los coperos le contó a José el sueño que había tenido:

―Soñé que frente a mí había una vid,

10 la cual tenía tres ramas. En cuanto la vid echó brotes, floreció; y maduraron las uvas en los racimos.

11 Yo tenía la copa del faraón en la mano. Tomé las uvas, las exprimí en la copa, y luego puse la copa en manos del faraón.

12 Entonces José le dijo:

―Esta es la interpretación de su sueño: Las tres ramas son tres días.

13 Dentro de los próximos tres días el faraón lo indultará a usted y volverá a colocarlo en su cargo. Usted volverá a poner la copa del faraón en su mano, tal como lo hacía antes, cuando era su copero.

14 Yo le ruego que no se olvide de mí. Por favor, cuando todo se haya arreglado, háblele usted de mí al faraón para que me saque de esta cárcel.

15 A mí me trajeron por la fuerza, de la tierra de los hebreos. ¡Yo no hice nada aquí para que me echaran en la cárcel!

16 Al ver que la interpretación había sido favorable, el jefe de los panaderos le dijo a José:

―Yo también tuve un sueño. En ese sueño, llevaba yo tres canastas de pansobre la cabeza.

17 En la canasta de arriba había un gran surtido de repostería para el faraón, pero las aves venían a comer de la canasta que llevaba sobre la cabeza.

18 José le respondió:

―Esta es la interpretación de su sueño: Las tres canastas son tres días.

19 Dentro de los próximos tres días, el faraón mandará que a usted lo decapiten y lo cuelguen de un árbol, y las aves devorarán su cuerpo.

20 En efecto, tres días después el faraón celebró su cumpleaños y ofreció una gran fiesta para todos sus funcionarios. En presencia de estos, mandó sacar de la cárcel al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos.

21 Al jefe de los coperos lo restituyó en su cargo para que, una vez más, pusiera la copa en manos del faraón.

22 Pero, tal como lo había predicho José, al jefe de los panaderos mandó que lo ahorcaran.

23 Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él por completo.

Génesis 41

Los sueños del faraón

1 Dos años más tarde, el faraón tuvo un sueño: Estaba de pie junto al río Nilo

2 cuando, de pronto, del río salieron siete vacas hermosas y gordas que se pusieron a pastar entre los juncos.

3 Detrás de ellas salieron otras siete vacas, feas y flacas, que se pararon a orillas del Nilo, junto a las primeras.

4 ¡Y las vacas feas y flacas se comieron a las vacas hermosas y gordas!

En ese momento el faraón se despertó.

5 Pero volvió a dormirse, y tuvo otro sueño: Siete espigas de trigo, grandes y hermosas, crecían de un solo tallo.

6 Tras ellas brotaron otras siete espigas, delgadas y quemadas por el viento solano.

7 ¡Y las siete espigas delgadas se comieron a las espigas grandes y hermosas!

En eso el faraón se despertó y se dio cuenta de que solo era un sueño.

8 Sin embargo, a la mañana siguiente se levantó muy preocupado, mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto, y les contó los dos sueños. Pero nadie se los pudo interpretar.

9 Entonces el jefe de los coperos le dijo al faraón: «Ahora me doy cuenta del grave error que he cometido.

10 Cuando el faraón se enojó con sus servidores, es decir, conmigo y con el jefe de los panaderos, nos mandó a la cárcel, bajo la custodia del capitán de la guardia.

11 Una misma noche, los dos tuvimos un sueño, cada sueño con su propio significado.

12 Allí, con nosotros, había un joven hebreo, esclavo del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños, y a cada uno nos interpretó el sueño.

13 ¡Y todo sucedió tal como él lo había interpretado! A mí me restituyeron mi cargo, y al jefe de los panaderos lo ahorcaron».

14 El faraón mandó llamar a José, y en seguida lo sacaron de la cárcel. Luego de afeitarse y cambiarse de ropa, José se presentó ante el faraón,

15 quien le dijo:

―Tuve un sueño que nadie ha podido interpretar. Pero me he enterado de que, cuando tú oyes un sueño, eres capaz de interpretarlo.

16 ―No soy yo quien puede hacerlo —respondió José—, sino que es Dios quien le dará al faraón una respuesta favorable.

17 El faraón le contó a José lo siguiente:

―En mi sueño, estaba yo de pie a orillas del río Nilo.

18 De pronto, salieron del río siete vacas gordas y hermosas, y se pusieron a pastar entre los juncos.

19 Detrás de ellas salieron otras siete vacas, feas y flacas. ¡Jamás se habían visto vacas tan raquíticas en toda la tierra de Egipto!

20 Y las siete vacas feas y flacas se comieron a las siete vacas gordas.

21 Pero, después de habérselas comido, no se les notaba en lo más mínimo, porque seguían tan feas como antes. Entonces me desperté.

22 »Después tuve otro sueño: Siete espigas de trigo, grandes y hermosas, crecían de un solo tallo.

23 Tras ellas brotaron otras siete espigas marchitas, delgadas y quemadas por el viento solano.

24 Las siete espigas delgadas se comieron a las espigas grandes y hermosas. Todo esto se lo conté a los magos, pero ninguno de ellos me lo pudo interpretar».

25 José le explicó al faraón:

―En realidad, los dos sueños del faraón son uno solo. Dios le ha anunciado lo que está por hacer.

26 Las siete vacas hermosas y las siete espigas hermosas son siete años. Se trata del mismo sueño.

27 Y las siete vacas flacas y feas, que salieron detrás de las otras, y las siete espigas delgadas y quemadas por el viento solano, son también siete años. Pero estos serán siete años de hambre.

28 »Tal como le he dicho al faraón, Dios le está mostrando lo que está por hacer.

29 Están por venir siete años de mucha abundancia en todo Egipto,

30 a los que les seguirán siete años de hambre, que harán olvidar toda la abundancia que antes hubo. ¡El hambre acabará con Egipto!

31 Tan terrible será el hambre, que nadie se acordará de la abundancia que antes hubo en el país.

32 El faraón tuvo el mismo sueño dos veces porque Dios ha resuelto firmemente hacer esto, y lo llevará a cabo muy pronto.

33 »Por todo esto, el faraón debería buscar un hombre competente y sabio, para que se haga cargo de la tierra de Egipto.

34 Además, el faraón debería nombrar inspectores en todo Egipto, para que durante los siete años de abundancia recauden la quinta parte de la cosecha en todo el país.

35 Bajo el control del faraón, esos inspectores deberán juntar el grano de los años buenos que vienen y almacenarlo en las ciudades, para que haya una reserva de alimento.

36 Este alimento almacenado le servirá a Egipto para los siete años de hambre que sufrirá, y así la gente del país no morirá de hambre».

37 Al faraón y a sus servidores les pareció bueno el plan.

38 Entonces el faraón les preguntó a sus servidores:

―¿Podremos encontrar una persona así, en quien repose el espíritu de Dios?

39 Luego le dijo a José:

―Puesto que Dios te ha revelado todo esto, no hay nadie más competente y sabio que tú.

40 Quedarás a cargo de mi palacio, y todo mi pueblo cumplirá tus órdenes. Solo yo tendré más autoridad que tú, porque soy el rey.

José, gobernador de Egipto

41 Así que el faraón le informó a José:

―Mira, yo te pongo a cargo de todo el territorio de Egipto.

42 De inmediato, el faraón se quitó el anillo oficial y se lo puso a José. Hizo que lo vistieran con ropas de lino fino, y que le pusieran un collar de oro en el cuello.

43 Después lo invitó a subirse al carro reservado para el segundo en autoridad, y ordenó que gritaran: «¡Inclínense!» Fue así como el faraón puso a José al frente de todo el territorio de Egipto.

44 Entonces el faraón le dijo:

―Yo soy el faraón, pero nadie en todo Egipto podrá hacer nada sin tu permiso.

45 Y le cambió elnombrea José, y lo llamó Zafenat Panea; además, le dio por esposa a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On.De este modo quedó José a cargo de Egipto.

46 Tenía treinta años cuando comenzó a trabajar al servicio del faraón, rey de Egipto.

Tan pronto como se retiró José de la presencia del faraón, se dedicó a recorrer todo el territorio de Egipto.

47 Durante los siete años de abundancia la tierra produjo grandes cosechas,

48 así que José fue recogiendo todo el alimento que se produjo en Egipto durante esos siete años, y lo almacenó en las ciudades.

49 Juntó alimento como quien junta arena del mar, y fue tanto lo que recogió que dejó de contabilizarlo. ¡Ya no había forma de mantener el control!

50 Antes de comenzar el primer año de hambre, José tuvo dos hijos con su esposa Asenat, la hija de Potifera, sacerdote de On.

51 Al primero lo llamó Manasés, porque dijo: «Dios ha hecho que me olvide de todos mis problemas, y de mi casa paterna».

52 Al segundo lo llamó Efraín, porque dijo: «Dios me ha hecho fecundo en esta tierra donde he sufrido».

53 Los siete años de abundancia en Egipto llegaron a su fin

54 y, tal como José lo había anunciado, comenzaron los siete años de hambre, la cual se extendió por todos los países. Pero a lo largo y a lo ancho del territorio de Egipto había alimento.

55 Cuando también en Egipto comenzó a sentirse el hambre, el pueblo clamó al faraón pidiéndole comida. Entonces el faraón le dijo a todo el pueblo de Egipto: «Vayan a ver a José, y hagan lo que él les diga».

56 Cuando ya el hambre se había extendido por todo el territorio, y había arreciado, José abrió los graneros para vender alimento a los egipcios.

57 Además, de todos los países llegaban a Egipto para comprarle alimento a José, porque el hambre cundía ya por todo el mundo.