1 Crónicas 29

Ofrendas para el templo

1 El rey David le dijo a toda la asamblea: «Dios ha escogido a mi hijo Salomón, pero para una obra de esta magnitud todavía le falta experiencia. El palacio no es para unhombre, sino para Dios elSeñor.

2 Con mucho esfuerzo he hecho los preparativos para el templo de Dios. He conseguido oro para los objetos de oro, plata para los de plata, bronce para los de bronce, hierro para los de hierro, madera para los de madera, y piedras de ónice, piedras de engaste, piedras talladas de diversos colores, piedras preciosas de toda clase, y mármol en abundancia.

3 Además, aparte de lo que ya he conseguido, por amor al templo de mi Dios entrego para su templo todo el oro y la plata que poseo:

4 cien mil kilos de oro de Ofir y doscientos treinta mil kilos de platafinísima, para recubrir las paredes de los edificios,

5 para todos los objetos de oro y de plata, y para toda clase de trabajo que hagan los orfebres. ¿Quién de ustedes quiere hoy dar una ofrenda alSeñor?»

6 Entonces los jefes de familia, los jefes de las tribus de Israel, los jefes de mil y de cien soldados, y los encargados de las obras del rey hicieron sus ofrendas voluntarias.

7 Donaron para las obras del templo de Dios ciento sesenta y cinco mil kilos y diez mil monedas de oro, trescientos treinta mil kilos de plata, y alrededor de seiscientos mil kilos de bronce y tres millones trescientos mil kilos de hierro.

8 Los que tenían piedras preciosas las entregaron a Jehiel el guersonita para el tesoro del templo delSeñor.

9 El pueblo estaba muy contento de poder dar voluntariamentesus ofrendas alSeñor, y también el rey David se sentía muy feliz.

Oración de David

10 Entonces David bendijo así alSeñoren presencia de toda la asamblea:

«¡Bendito seas,Señor,

Dios de nuestro padre Israel,

desde siempre y para siempre!

11 Tuyos son,Señor,

la grandeza y el poder,

la gloria, lavictoriay la majestad.

Tuyo es todo cuanto hay

en el cielo y en la tierra.

Tuyo también es el reino,

y tú estás por encima de todo.

12 De ti proceden la riqueza y el honor;

tú lo gobiernas todo.

En tus manos están la fuerza y el poder,

y eres tú quien engrandece y fortalece a todos.

13 Por eso, Dios nuestro, te damos gracias,

y a tu gloriosonombretributamos alabanzas.

14 »Pero ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido.

15 Ante ti, somos extranjeros y peregrinos, como lo fueron nuestros antepasados. Nuestros días sobre la tierra son solo una sombra sin esperanza.

16 Señory Dios nuestro, de ti procede todo cuanto hemos conseguido para construir un templo a tusantonombre. ¡Todo es tuyo!

17 Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud. Por eso, con rectitud decorazónte he ofrecido voluntariamente todas estas cosas, y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas.

18 Señor, Dios de nuestros antepasados Abraham, Isaac e Israel, conserva por siempre estos pensamientos en el corazón de tu pueblo, y dirige su corazón hacia ti.

19 Dale también a mi hijo Salomón un corazón íntegro, para que obedezca y ponga en práctica tus mandamientos, preceptos yleyes. Permítele construir el templo para el cual he hecho esta provisión».

20 Luego David animó a toda la asamblea: «¡Alaben alSeñorsu Dios!» Entonces toda la asamblea alabó alSeñor, Dios de sus antepasados, y se inclinó ante elSeñory ante el rey.

Coronación de Salomón

21 Al día siguiente, ofrecieron sacrificios yholocaustosalSeñorpor todo Israel: mil becerros, mil carneros y mil corderos, con sus respectivas libaciones, y numerosos sacrificios.

22 Ese día comieron y bebieron con gran regocijo en presencia delSeñor.

Luego, por segunda vez, proclamaron como rey a Salomón hijo de David, y lo consagraron ante elSeñorcomo rey, y a Sadoc lo ungieron como sacerdote.

23 Y Salomón sucedió en el trono delSeñora su padre David, y tuvo éxito. Todo Israel le obedeció.

24 Todos los jefes, los guerreros y los hijos del rey David rindieron pleitesía al rey Salomón.

25 ElSeñorengrandeció en extremo a Salomón ante todo Israel, y le otorgó un reinado glorioso, como jamás lo tuvo ninguno de los reyes de Israel.

Muerte de David

26 David hijo de Isaí reinó sobre todo Israel.

27 En total, reinó cuarenta años sobre Israel: siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres en Jerusalén.

28 Y murió muy anciano y entrado en años, en medio de grandes honores y riquezas, y su hijo Salomón lo sucedió en el trono.

29-30 Todos los hechos del rey David, desde el primero hasta el último, y lo que tiene que ver con su reinado y su poder, y lo que les sucedió a él, a Israel y a los pueblos vecinos, están escritos en las crónicas del vidente Samuel, del profeta Natán y del vidente Gad.

2 Reyes 1

El juicio del Señor contra Ocozías

1 Después de la muerte de Acab, la nación de Moab se rebeló contra Israel.

2 Ocozías, que se había herido al caerse por la ventana del piso superior de su palacio en Samaria, despachó a unos mensajeros con este encargo: «Vayan y consulten aBaalZebub, dios de Ecrón, para saber si voy a recuperarme de estas heridas».

3 Pero el ángel delSeñorle dijo a Elías el tisbita: «Levántate y sal al encuentro de los mensajeros del rey de Samaria. Diles: “Y ustedes, ¿por qué van a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? ¿Acaso no hay Dios en Israel?”

4 Pues bien, así dice elSeñor: “Ya no te levantarás de tu lecho de enfermo, sino que ciertamente morirás”».

Así lo hizo Elías,

5 y, cuando los mensajeros regresaron, el rey les preguntó:

―¡Cómo! ¿Ya están de regreso?

6 Ellos respondieron:

―Es que un hombre nos salió al encuentro y nos dijo que regresáramos al rey que nos había enviado y le dijéramos: “Así dice elSeñor: ‘¿Por qué mandas a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? ¿Acaso no hay Dios en Israel? Pues bien, ya no te levantarás de tu lecho de enfermo, sino que ciertamente morirás’ ”.

7 El rey les preguntó:

―¿Qué aspecto tenía el hombre que les salió al encuentro y les habló de ese modo?

8 ―Llevaba puesto un manto de piel y tenía un cinturón de cuero atado a la cintura —contestaron ellos.

―¡Ah! ¡Era Elías el tisbita! —exclamó el rey.

9 Y en seguida envió a un oficial con cincuenta soldados a buscarlo. El oficial fue y encontró a Elías sentado en la cima de un monte.

―Hombre de Dios —le dijo—, el rey le ordena que baje.

10 ―Si soy hombre de Dios —replicó Elías—, ¡que caiga fuego del cielo y te consuma junto con tus cincuenta soldados!

Al instante cayó fuego del cielo y consumió al oficial y a sus soldados.

11 Así que el rey envió a otro oficial con otros cincuenta soldados en busca de Elías.

―Hombre de Dios —le dijo—, el rey le ordena que baje inmediatamente.

12 ―Si soy hombre de Dios —repuso Elías—, ¡que caiga fuego del cielo y te consuma junto con tus cincuenta soldados!

Una vez más, fuego de Dios cayó del cielo y consumió al oficial y a sus soldados.

13 Por tercera vez el rey envió a un oficial con otros cincuenta soldados. Cuando este llegó hasta donde estaba Elías, se puso de rodillas delante de él y le imploró:

―Hombre de Dios, le ruego que respete mividay la de estos cincuenta servidores suyos.

14 Sé bien que cayó fuego del cielo y consumió a los dos primeros oficiales y a sus soldados. Por eso le pido ahora que respete mi vida.

15 El ángel delSeñorle ordenó a Elías: «Baja con él; no le tengas miedo». Así que Elías se levantó y bajó con el oficial para ver al rey,

16 a quien le dijo:

―Así dice elSeñor: “Enviaste mensajeros a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón. ¿Acaso no hay Dios en Israel a quien puedas consultar? Puesto que has actuado así, ya no te levantarás de tu lecho de enfermo, sino que ciertamente morirás”.

17 Así fue como murió el rey, según la palabra que elSeñorhabía anunciado por medio de Elías.

Como Ocozías no llegó a tener hijos, Jorán lo sucedió en el trono. Esto aconteció en el segundo año de Jorán hijo de Josafat, rey de Judá.

18 Los demás acontecimientos del reinado de Ocozías están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

2 Reyes 2

Elías llevado al cielo

1 Cuando se acercaba la hora en que elSeñorse llevaría a Elías al cielo en un torbellino, Elías y Eliseo salieron de Guilgal.

2 Entonces Elías le dijo a Eliseo:

―Quédate aquí, pues elSeñorme ha enviado a Betel.

Pero Eliseo le respondió:

―Tan cierto como que elSeñory tú viven, te juro que no te dejaré solo.

Así que fueron juntos a Betel.

3 Allí los miembros de la comunidad de profetas de Betel salieron a recibirlos y le preguntaron a Eliseo:

―¿Sabes que hoy elSeñorva a quitarte a tu maestro, y a dejarte sin guía?

―Lo sé muy bien; ¡cállense!

4 Elías, por su parte, volvió a decirle:

―Quédate aquí, Eliseo, pues elSeñorme ha enviado a Jericó.

Pero Eliseo le repitió:

―Tan cierto como que elSeñory tú viven, te juro que no te dejaré solo.

Así que fueron juntos a Jericó.

5 También allí los miembros de la comunidad de profetas de la ciudad se acercaron a Eliseo y le preguntaron:

―¿Sabes que hoy elSeñorva a quitarte a tu maestro y a dejarte sin guía?

―Lo sé muy bien; ¡cállense!

6 Una vez más Elías le dijo:

―Quédate aquí, pues elSeñorme ha enviado al Jordán.

Pero Eliseo insistió:

―Tan cierto como que elSeñory tú viven, te juro que no te dejaré solo.

Así que los dos siguieron caminando

7 y se detuvieron junto al río Jordán. Cincuenta miembros de la comunidad de profetas fueron también hasta ese lugar, pero se mantuvieron a cierta distancia, frente a ellos.

8 Elías tomó su manto y, enrollándolo, golpeó el agua. El río se partió en dos, de modo que ambos lo cruzaron en seco.

9 Al cruzar, Elías le preguntó a Eliseo:

―¿Qué quieres que haga por ti antes de que me separen de tu lado?

―Te pido que sea yo el heredero de tu espíritu por partida doble—respondió Eliseo.

10 ―Has pedido algo difícil —le dijo Elías—, pero si logras verme cuando me separen de tu lado, te será concedido; de lo contrario, no.

11 Iban caminando y conversando cuando, de pronto, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en medio de un torbellino.

12 Eliseo, viendo lo que pasaba, se puso a gritar: «¡Padre mío, padre mío, carro y fuerza conductora de Israel!» Pero no volvió a verlo.

Entonces agarró su ropa y la rasgó en dos.

13 Luego recogió el manto que se le había caído a Elías y, regresando a la orilla del Jordán,

14 golpeó el agua con el manto y exclamó: «¿Dónde está elSeñor, el Dios de Elías?» En cuanto golpeó el agua, el río se partió en dos, y Eliseo cruzó.

15 Los profetas de Jericó, al verlo, exclamaron: «¡El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo!» Entonces fueron a su encuentro y se postraron ante él, rostro en tierra.

16 ―Mira —le dijeron—, aquí se encuentran, entre nosotros tus servidores, cincuenta hombres muy capaces, que pueden ir a buscar a tu maestro. Quizás el Espíritu delSeñorlo tomó y lo arrojó en algún monte o en algún valle.

―No —respondió Eliseo—, no los manden.

17 Pero ellos insistieron tanto que él se sintió incómodoy por fin les dijo:

―Está bien, mándenlos.

Así que enviaron a cincuenta hombres, los cuales buscaron a Elías durante tres días, pero no lo encontraron.

18 Cuando regresaron a Jericó, donde se había quedado Eliseo, él les reclamó:

―¿No les advertí que no fueran?

Eliseo purifica el agua

19 Luego, los habitantes de la ciudad le dijeron a Eliseo:

―Señor, como usted puede ver, nuestra ciudad está bien ubicada, pero el agua es mala, y por eso la tierra ha quedado estéril.

20 ―Tráiganme una vasija nueva, y échenle sal —les ordenó Eliseo.

Cuando se la entregaron,

21 Eliseo fue al manantial y, arrojando allí la sal, exclamó:

―Así dice elSeñor: “¡Yopurificoesta agua para que nunca más cause muerte ni esterilidad!”

22 A partir de ese momento, y hasta el día de hoy, el agua quedó purificada, según la palabra de Eliseo.

Eliseo maldice a los burlones

23 De Jericó, Eliseo se dirigió a Betel. Iba subiendo por el camino cuando unos muchachos salieron de la ciudad y empezaron a burlarse de él. «¡Anda, viejo calvo! —le gritaban—. ¡Anda, viejo calvo!»

24 Eliseo se volvió y, clavándoles la vista, los maldijo en elnombredelSeñor. Al instante, dos osas salieron del bosque y despedazaron a cuarenta y dos muchachos.

25 De allí, Eliseo se fue al monte Carmelo; y luego regresó a Samaria.

2 Reyes 3

Los moabitas se rebelan

1 En el año dieciocho de Josafat, rey de Judá, Jorán hijo de Acab ascendió al trono de Israel en Samaria, y reinó doce años.

2 Jorán hizo lo que ofende alSeñor, aunque no tanto como su padre y su madre, pues mandó que se quitara unapiedra sagradaque su padre había erigido en honor deBaal.

3 Sin embargo, Jorán se aferró a los mismos pecados con que Jeroboán hijo de Nabat había hecho pecar a los israelitas, pues no se apartó de esos pecados.

4 Ahora bien, Mesá, rey de Moab, criaba ovejas, y como tributo anual le entregaba al rey de Israel cien mil ovejas y la lana de cien mil corderos.

5 Pero, al morir Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.

6 Entonces el rey Jorán salió de Samaria, movilizó a todo el ejército de Israel,

7 y le envió este mensaje a Josafat, rey de Judá:

―El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irías conmigo a pelear contra Moab?

―Claro que sí —le respondió Josafat—. Estoy a tu disposición, lo mismo que mi ejército y mi caballería.

8 ¿Qué ruta tomaremos?

―La ruta del desierto de Edom —contestó Jorán.

9 Fue así como los reyes de Israel, Judá y Edom se pusieron en marcha. Durante siete días anduvieron por el desierto, hasta que el ejército y los animales se quedaron sin agua.

10 ―¡Ay! —exclamó el rey de Israel—. ¡ElSeñorha reunido a tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas!

11 Pero Josafat preguntó:

―¿Acaso no hay aquí un profeta delSeñor, para que consultemos alSeñorpor medio de él?

Un oficial del rey de Israel contestó:

―Aquí cerca está Eliseo hijo de Safat, el que servía a Elías.

12 ―Pues él puede darnos palabra delSeñor—comentó Josafat.

Así que el rey de Israel fue a ver a Eliseo, acompañado de Josafat y del rey de Edom.

13 Pero Eliseo le dijo al rey de Israel:

―¿Qué tengo yo que ver con usted? Váyase a consultar a los profetas de su padre y de su madre.

―No —respondió el rey de Israel—, pues elSeñornos ha reunido a los tres para entregarnos en manos de los moabitas.

14 Eliseo replicó:

―Le juro que si no fuera por el respeto que le tengo a Josafat, rey de Judá, ni siquiera le daría a usted la cara. ¡Tan cierto como que vive elSeñorTodopoderoso, a quien sirvo!

15 En fin, ¡que me traigan un músico!

Mientras el músico tañía el arpa, la mano delSeñorvino sobre Eliseo,

16 y este dijo:

―Así dice elSeñor: “Abran zanjas por todo este valle,

17 pues aunque no vean viento ni lluvia —dice elSeñor—, este valle se llenará de agua, de modo que podrán beber ustedes y todos sus animales”.

18 Esto es poca cosa para elSeñor, que además entregará a Moab en manos de ustedes.

19 De hecho, ustedes destruirán todas las ciudades fortificadas y las otras ciudades principales. Cortarán los mejores árboles, cegarán los manantiales y sembrarán de piedras los campos fértiles.

20 A la mañana siguiente, a la hora de la ofrenda, toda el área se inundó con el agua que venía de la región de Edom.

21 Ahora bien, cuando los moabitas se enteraron de que los reyes habían salido para atacarlos, movilizaron a todos los que podían servir en el ejército y tomaron posiciones en la frontera.

22 Al levantarse ellos por la mañana, el sol se reflejaba sobre el agua, y a los moabitas les pareció que estaba teñida en sangre.

23 «¡Es sangre de batalla! —exclamaron—. Esos reyes deben de haber peleado, y se han matado unos a otros. ¡Vamos, Moab, al saqueo!»

24 Cuando los moabitas llegaron al campamento de Israel, los israelitas les hicieron frente y los derrotaron. Aquellos se dieron a la fuga, pero los israelitas los persiguieron y los aniquilaron,

25 y destruyeron sus ciudades. Cada uno tiró una piedra en los campos fértiles de Moab hasta llenarlos; además, cegaron los manantiales y cortaron los mejores árboles. Solo Quir Jaréset quedó en pie, aunque los honderos la cercaron y también lograron conquistarla.

26 El rey de Moab, al ver que perdía la batalla, se llevó consigo a setecientos guerreros con el propósito de abrirse paso hasta donde estaba el rey de Edom, pero no logró pasar.

27 Tomó entonces a su hijoprimogénito, que había de sucederlo en el trono, y lo ofreció enholocaustosobre la muralla. A raíz de esto, se desató contra Israel una furia incontenible, de modo que los israelitas tuvieron que retirarse y volver a su país.

2 Reyes 4

El aceite de la viuda

1 La viuda de un miembro de la comunidad de los profetas le suplicó a Eliseo:

―Mi esposo, su servidor, ha muerto, y usted sabe que él era fielalSeñor. Ahora resulta que el hombre con quien estamos endeudados ha venido para llevarse a mis dos hijos como esclavos.

2 ―¿Y qué puedo hacer por ti? —le preguntó Eliseo—. Dime, ¿qué tienes en casa?

―Su servidora no tiene nada en casa —le respondió—, excepto un poco de aceite.

3 Eliseo le ordenó:

―Sal y pide a tus vecinos que te presten sus vasijas; consigue todas las que puedas.

4 Luego entra en la casa con tus hijos y cierra la puerta. Echa aceite en todas las vasijas y, a medida que las llenes, ponlas aparte.

5 En seguida la mujer dejó a Eliseo y se fue. Luego se encerró con sus hijos y empezó a llenar las vasijas que ellos le pasaban.

6 Cuando ya todas estuvieron llenas, ella le pidió a uno de sus hijos que le pasara otra más, y él respondió: «Ya no hay». En ese momento se acabó el aceite.

7 La mujer fue y se lo contó al hombre de Dios, quien le mandó: «Ahora ve a vender el aceite, y paga tus deudas. Con el dinero que te sobre, podrán vivir tú y tus hijos».

El hijo de la sunamita

8 Un día, cuando Eliseo pasaba por Sunén, cierta mujer de buena posición le insistió que comiera en su casa. Desde entonces, siempre que pasaba por ese pueblo, comía allí.

9 La mujer le dijo a su esposo: «Mira, yo estoy segura de que este hombre que siempre nos visita es unsantohombre de Dios.

10 Hagámosle un cuarto en la azotea, y pongámosle allí una cama, una mesa con una silla, y una lámpara. De ese modo, cuando nos visite, tendrá un lugar donde quedarse».

11 En cierta ocasión Eliseo llegó, fue a su cuarto y se acostó.

12 Luego le dijo a su criado Guiezi:

―Llama a la señora.

El criado así lo hizo, y ella se presentó.

13 Entonces Eliseo le dijo a Guiezi:

―Dile a la señora: “¡Te has tomado muchas molestias por nosotros! ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Quieres que le hable al rey o al jefe del ejército en tu favor?”

Pero ella le respondió:

―Yo vivo segura en medio de mi pueblo.

14 Eliseo le preguntó a Guiezi:

―¿Qué puedo hacer por ella?

―Bueno —contestó el siervo— ella no tiene hijos, y su esposo ya es anciano.

15 ―Llámala —ordenó Eliseo.

Guiezi la llamó, y ella se detuvo en la puerta.

16 Entonces Eliseo le prometió:

―El año que viene, por esta fecha, estarás abrazando a un hijo.

―¡No, mi señor, hombre de Dios! —exclamó ella—. No engañe usted a su servidora.

17 En efecto, la mujer quedó embarazada. Y al año siguiente, por esa misma fecha, dio a luz un hijo, tal como Eliseo se lo había dicho.

18 El niño creció, y un día salió a ver a su padre, que estaba con los segadores.

19 De pronto exclamó:

―¡Ay, mi cabeza! ¡Me duele la cabeza!

El padre le ordenó a un criado:

―¡Llévaselo a su madre!

20 El criado lo cargó y se lo llevó a la madre, la cual lo tuvo en sus rodillas hasta el mediodía. A esa hora, el niño murió.

21 Entonces ella subió, lo puso en la cama del hombre de Dios y, cerrando la puerta, salió.

22 Después llamó a su esposo y le dijo:

―Préstame un criado y una burra; en seguida vuelvo. Voy de prisa a ver al hombre de Dios.

23 ―¿Para qué vas a verlo hoy? —le preguntó su esposo—. No es día de luna nueva nisábado.

―No importa —respondió ella.

24 Entonces hizo aparejar la burra y le ordenó al criado:

―¡Anda, vamos! No te detengas hasta que te lo diga.

25 La mujer se puso en marcha y llegó al monte Carmelo, donde estaba Eliseo, el hombre de Dios. Este la vio a lo lejos y le dijo a su criado Guiezi:

―¡Mira! Ahí viene la sunamita.

26 Corre a recibirla y pregúntale cómo está ella, y cómo están su esposo y el niño.

El criado fue, y ella respondió que todos estaban bien.

27 Pero luego fue a la montaña y se abrazó a los pies del hombre de Dios. Guiezi se acercó con el propósito de apartarla, pero el hombre de Dios intervino:

―¡Déjala! Está muy angustiada, y elSeñorme ha ocultado lo que pasa; no me ha dicho nada.

28 ―Señor mío —le reclamó la mujer—, ¿acaso yo le pedí a usted un hijo? ¿No le rogué que no me engañara?

29 Eliseo le ordenó a Guiezi:

―Arréglate la ropa, toma mi bastón y ponte en camino. Si te encuentras con alguien, ni lo saludes; si alguien te saluda, no le respondas. Y, cuando llegues, coloca el bastón sobre la cara del niño.

30 Pero la madre del niño exclamó:

―¡Le juro a usted que no lo dejaré solo! ¡Tan cierto como que elSeñory usted viven!

Así que Eliseo se levantó y fue con ella.

31 Guiezi, que se había adelantado, llegó y colocó el bastón sobre la cara del niño, pero este no respondió ni dio ninguna señal de vida. Por tanto, Guiezi volvió para encontrarse con Eliseo y le dijo:

―El niño no despierta.

32 Cuando Eliseo llegó a la casa, encontró al niño muerto, tendido sobre su cama.

33 Entró al cuarto, cerró la puerta y oró alSeñor.

34 Luego subió a la cama y se tendió sobre el niño boca a boca, ojos a ojos y manos a manos, hasta que el cuerpo del niño empezó a entrar en calor.

35 Eliseo se levantó y se puso a caminar de un lado a otro del cuarto, y luego volvió a tenderse sobre el niño. Esto lo hizo siete veces, al cabo de las cuales el niño estornudó y abrió los ojos.

36 Entonces Eliseo le dijo a Guiezi:

―Llama a la señora.

Guiezi así lo hizo y, cuando la mujer llegó, Eliseo le dijo:

―Puedes llevarte a tu hijo.

37 Ella entró, se arrojó a los pies de Eliseo y se postró rostro en tierra. Entonces tomó a su hijo y salió.

El milagro de la comida

38 Eliseo regresó a Guilgal y se encontró con que en esos días había mucha hambre en el país. Por tanto, se reunió con la comunidad de profetas y le ordenó a su criado: «Pon esa olla grande en el fogón y prepara un guisado para los profetas».

39 En eso, uno de ellos salió al campo para recoger hierbas; allí encontró una planta silvestre y arrancó varias frutas hasta llenar su manto. Al regresar, las cortó en pedazos y las echó en el guisado sin saber qué eran.

40 Sirvieron el guisado, pero, cuando los hombres empezaron a comerlo, gritaron:

―¡Hombre de Dios, esto es veneno!

Así que no pudieron comer.

41 Entonces Eliseo ordenó:

―Tráiganme harina.

Y, luego de echar la harina en la olla, dijo:

―Sírvanle a la gente para que coma.

Y ya no hubo nada en la olla que les hiciera daño.

Alimentación de cien hombres

42 De Baal Salisá llegó alguien que le llevaba al hombre de Dios pan de losprimerosfrutos: veinte panes de cebada y espigas de trigo fresco.Eliseo le dijo a su criado:

―Dale de comer a la gente.

43 ―¿Cómo voy a alimentar a cien personas con esto? —replicó el criado.

Pero Eliseo insistió:

―Dale de comer a la gente, pues así dice elSeñor: “Comerán y habrá de sobra”.

44 Entonces el criado les sirvió el pan y, conforme a la palabra delSeñor, la gente comió y hubo de sobra.

2 Reyes 5

Eliseo sana a Naamán

1 Naamán, jefe del ejército del rey deSiria, era un hombre de mucho prestigio y gozaba del favor de su rey porque, por medio de él, elSeñorle había dado victorias a su país. Era un soldado valiente, pero estaba enfermo delepra.

2 En cierta ocasión los sirios, que habían salido a merodear, capturaron a una muchacha israelita y la hicieron criada de la esposa de Naamán.

3 Un día la muchacha le dijo a su ama: «Ojalá el amo fuera a ver al profeta que hay en Samaria, porque él lo sanaría de su lepra».

4 Naamán fue a contarle al rey lo que la muchacha israelita había dicho.

5 El rey de Siria le respondió:

―Bien, puedes ir; yo le mandaré una carta al rey de Israel.

Y así Naamán se fue, llevando treinta mil monedas de plata, seis mil monedas de oroy diez mudas de ropa.

6 La carta que le llevó al rey de Israel decía: «Cuando te llegue esta carta, verás que el portador es Naamán, uno de mis oficiales. Te lo envío para que lo sanes de su lepra».

7 Al leer la carta, el rey de Israel se rasgó las vestiduras y exclamó: «¿Y acaso soy Dios, capaz de dar vida o muerte, para que ese tipo me pida sanar a un leproso? ¡Fíjense bien que me está buscando pleito!»

8 Cuando Eliseo, hombre de Dios, se enteró de que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras, le envió este mensaje: «¿Por qué está Su Majestad tan molesto?¡Mándeme usted a ese hombre, para que sepa que hay profeta en Israel!»

9 Así que Naamán, con sus caballos y sus carros, fue a la casa de Eliseo y se detuvo ante la puerta.

10 Entonces Eliseo envió un mensajero a que le dijera: «Ve y zambúllete siete veces en el río Jordán; así tu piel sanará, y quedarás limpio».

11 Naamán se enfureció y se fue, quejándose: «¡Yo creí que el profeta saldría a recibirme personalmente para invocar elnombredelSeñorsu Dios, y que con un movimiento de la mano me sanaría de la lepra!

12 ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son mejores que toda el agua de Israel? ¿Acaso no podría zambullirme en ellos y quedar limpio?» Furioso, dio media vuelta y se marchó.

13 Entonces sus criados se le acercaron para aconsejarle: «Señor,si el profeta le hubiera mandado hacer algo complicado, ¿usted no le habría hecho caso? ¡Con más razón si lo único que le dice a usted es que se zambulla, y así quedará limpio!»

14 Así que Naamán bajó al Jordán y se sumergió siete veces, según se lo había ordenado el hombre de Dios. ¡Y su piel se volvió como la de un niño, y quedó limpio!

15 Luego Naamán volvió con todos sus acompañantes y, presentándose ante el hombre de Dios, le dijo:

―Ahora reconozco que no hay Dios en todo el mundo, sino solo en Israel. Le ruego a usted aceptar un regalo de su servidor.

16 Pero Eliseo respondió:

―¡Tan cierto como que vive elSeñor, a quien yo sirvo, que no voy a aceptar nada!

Y por más que insistió Naamán, Eliseo no accedió.

17 ―En ese caso —persistió Naamán—, permítame usted llevarme dos cargas de esta tierra,ya que de aquí en adelante su servidor no va a ofrecerleholocaustosni sacrificios a ningún otro dios, sino solo alSeñor.

18 Y, cuando mi señor el rey vaya a adorar en el templo de Rimón y se apoye de mi brazo, y yo me vea obligado a inclinarme allí, desde ahora ruego alSeñorque me perdone por inclinarme en ese templo.

19 ―Puedes irte enpaz—respondió Eliseo.

Naamán se fue, y ya había recorrido cierta distancia

20 cuando Guiezi, el criado de Eliseo, hombre de Dios, pensó: «Mi amo ha sido demasiado bondadoso con este sirio Naamán, pues no le aceptó nada de lo que había traído. Pero yo voy a correr tras él, a ver si me da algo. ¡Tan cierto como que elSeñorvive!»

21 Así que Guiezi se fue para alcanzar a Naamán. Cuando este lo vio correr tras él, se bajó de su carro para recibirlo y lo saludó.

22 Respondiendo al saludo, Guiezi dijo:

―Mi amo me ha enviado con este mensaje: “Dos jóvenes de la comunidad de profetas acaban de llegar de la sierra de Efraín. Te pido que me des para ellos tres mil monedasde plata y dos mudas de ropa”.

23 ―Por favor, llévate seis mil —respondió Naamán, e insistió en que las aceptara.

Echó entonces las monedas en dos sacos, junto con las dos mudas de ropa, y todo esto se lo entregó a dos criados para que lo llevaran delante de Guiezi.

24 Al llegar a la colina, Guiezi tomó los sacos y los guardó en la casa; después despidió a los hombres, y estos se fueron.

25 Entonces Guiezi se presentó ante su amo.

―¿De dónde vienes, Guiezi? —le preguntó Eliseo.

―Su servidor no ha ido a ninguna parte —respondió Guiezi.

26 Eliseo replicó:

―¿No estaba yo presente en espíritu cuando aquel hombre se bajó de su carro para recibirte? ¿Acaso es este el momento de recibir dinero y ropa, huertos y viñedos, ovejas y bueyes, criados y criadas?

27 Ahora la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tus descendientes para siempre.

No bien había salido Guiezi de la presencia de Eliseo cuando ya estaba blanco como la nieve por causa de la lepra.

2 Reyes 6

El milagro del hacha

1 Un día, los miembros de la comunidad de los profetas le dijeron a Eliseo:

―Como puede ver, el lugar donde ahora vivimos con usted nos resulta pequeño.

2 Es mejor que vayamos al Jordán. Allí podremos conseguir madera y construirun albergue.

―Bien, vayan —respondió Eliseo.

3 Pero uno de ellos le pidió:

―Acompañe usted, por favor, a sus servidores.

Eliseo consintió

4 en acompañarlos, y cuando llegaron al Jordán empezaron a cortar árboles.

5 De pronto, al cortar un tronco, a uno de los profetas se le zafó el hacha y se le cayó al río.

―¡Ay, maestro! —gritó—. ¡Esa hacha no era mía!

6 ―¿Dónde cayó? —preguntó el hombre de Dios.

Cuando se le indicó el lugar, Eliseo cortó un palo y, echándolo allí, hizo que el hacha saliera a flote.

7 ―Sácala —ordenó Eliseo.

Así que el hombre extendió el brazo y la sacó.

Eliseo captura una tropa siria

8 El rey deSiria, que estaba en guerra con Israel, deliberó con sus ministros y les dijo: «Vamos a acampar en tal lugar».

9 Pero el hombre de Dios le envió este mensaje al rey de Israel: «Procura no pasar por este sitio, pues los sirios te han tendido allí una emboscada».

10 Así que el rey de Israel envió a reconocer el lugar que el hombre de Dios le había indicado. Y en varias otras ocasiones Eliseo le avisó al rey, de modo que este tomó precauciones.

11 El rey de Siria, enfurecido por lo que estaba pasando, llamó a sus ministros y les reclamó:

―¿Quieren decirme quién está informando al rey de Israel?

12 ―Nadie, mi señor y rey —respondió uno de ellos—. El responsable es Eliseo, el profeta que está en Israel. Es él quien le comunica todo al rey de Israel, aun lo que Su Majestad dice en su alcoba.

13 ―Pues entonces averigüen dónde está —ordenó el rey—, para que mande a capturarlo.

Cuando le informaron que Eliseo estaba en Dotán,

14 el rey envió allá un destacamento grande, con caballos y carros de combate. Llegaron de noche y cercaron la ciudad.

15 Por la mañana, cuando el criado del hombre de Dios se levantó para salir, vio que un ejército con caballos y carros de combate rodeaba la ciudad.

―¡Ay, mi señor! —exclamó el criado—. ¿Qué vamos a hacer?

16 ―No tengas miedo —respondió Eliseo—. Los que están con nosotros son más que ellos.

17 Entonces Eliseo oró: «Señor, ábrele a Guiezi los ojos para que vea». ElSeñorasí lo hizo, y el criado vio que la colina estaba llena de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

18 Como ya los sirios se acercaban a él, Eliseo volvió a orar: «Señor, castiga a esta gente con ceguera». Y él hizo lo que le pidió Eliseo.

19 Luego Eliseo les dijo: «Esta no es la ciudad adonde iban; han tomado un camino equivocado. Síganme, que yo los llevaré adonde está el hombre que buscan». Pero los llevó a Samaria.

20 Después de entrar en la ciudad, Eliseo dijo: «Señor, ábreles los ojos, para que vean». ElSeñorasí lo hizo, y ellos se dieron cuenta de que estaban dentro de Samaria.

21 Cuando el rey de Israel los vio, le preguntó a Eliseo:

―¿Los mato, mi señor? ¿Los mato?

22 ―No, no los mates —contestó Eliseo—. ¿Acaso los has capturado con tu espada y tu arco, para que los mates? Mejor sírveles comida y agua para que coman y beban, y que luego vuelvan a su rey.

23 Así que el rey de Israel les dio un tremendo banquete. Cuando terminaron de comer, los despidió, y ellos regresaron a su rey. Y las bandas de sirios no volvieron a invadir el territorio israelita.

Hambre en Samaria

24 Algún tiempo después, Ben Adad, rey deSiria, movilizó todo su ejército para ir a Samaria y sitiarla.

25 El sitio duró tanto tiempo que provocó un hambre terrible en la ciudad, a tal grado que una cabeza de asno llegó a costar ochenta monedas de plata,y un poco de algarroba,cinco.

26 Un día, mientras el rey recorría la muralla, una mujer le gritó:

―¡Sálvenos, Su Majestad!

27 ―Si elSeñorno te salva —respondió el rey—, ¿de dónde voy a sacar yo comida para salvarte? ¿Del granero? ¿Del lagar?

28 ¿Qué te pasa?

Ella se quejó:

―Esta mujer me propuso que le entregara mi hijo para que nos lo comiéramos hoy, y que mañana nos comeríamos el de ella.

29 Pues bien, cocinamos a mi hijo y nos lo comimos, pero, al día siguiente, cuando le pedí que entregara su hijo para que nos lo comiéramos, resulta que ya lo había escondido.

30 Al oír la queja de la mujer, el rey se rasgó las vestiduras. Luego reanudó su recorrido por la muralla, y la gente pudo ver que bajo su túnica real iba vestido de luto.

31 «¡Que Dios me castigue sin piedad —exclamó el rey— si hoy mismo no le corto la cabeza a Eliseo hijo de Safat!»

32 Mientras Eliseo se encontraba en su casa, sentado con losancianos, el rey le envió un mensajero. Antes de que este llegara, Eliseo les dijo a los ancianos:

―Ahora van a ver cómo ese asesino envía a alguien a cortarme la cabeza. Pues bien, cuando llegue el mensajero, atranquen la puerta para que no entre. ¡Ya oigo detrás de él los pasos de su señor!

33 No había terminado de hablar cuando el mensajero llegó y dijo:

―Esta desgracia viene delSeñor; ¿qué más se puede esperar de él?

2 Reyes 7

1 Eliseo contestó:

―Oigan la palabra delSeñor, que dice así: “Mañana a estas horas, a laentradade Samaria, podrá comprarse una medidade flor de harina con una sola moneda de plata,y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio”.

2 El ayudante personal del rey replicó:

―¡No me digas! Aun si elSeñorabriera las ventanas del cielo, ¡no podría suceder tal cosa!

―Pues lo verás con tus propios ojos —le advirtió Eliseo—, pero no llegarás a comerlo.

Liberación de Samaria

3 Ese día, cuatro hombres que padecían deleprase hallaban a laentradade la ciudad.

―¿Qué ganamos con quedarnos aquí sentados, esperando la muerte? —se dijeron unos a otros—.

4 No ganamos nada con entrar en la ciudad. Allí nos moriremos de hambre con todos los demás, pero, si nos quedamos aquí, nos sucederá lo mismo. Vayamos, pues, al campamento de lossirios, para rendirnos. Si nos perdonan la vida, viviremos; y, si nos matan, de todos modos moriremos.

5 Al anochecer se pusieron en camino, pero, cuando llegaron a las afueras del campamento sirio, ¡ya no había nadie allí!

6 Y era que el Señor había confundido a los sirios haciéndoles oír el ruido de carros de combate y de caballería, como si fuera un gran ejército. Entonces se dijeron unos a otros: «¡Seguro que el rey de Israel ha contratado a los reyes hititas y egipcios para atacarnos!»

7 Por lo tanto, emprendieron la fuga al anochecer abandonando tiendas de campaña, caballos y asnos. Dejaron el campamento tal como estaba para escapar y salvarse.

8 Cuando los leprosos llegaron a las afueras del campamento, entraron en una de las tiendas de campaña. Después de comer y beber, se llevaron de allí plata, oro y ropa, y fueron a esconderlo todo. Luego regresaron, entraron en otra tienda, y también de allí tomaron varios objetos y los escondieron.

9 Entonces se dijeron unos a otros:

―Esto no está bien. Hoy es un día de buenas noticias, y no las estamos dando a conocer. Si esperamos hasta que amanezca, resultaremos culpables. Vayamos ahora mismo al palacio y demos aviso.

10 Así que fueron a la ciudad y llamaron a los centinelas. Les dijeron: «Fuimos al campamento de los sirios y ya no había nadie allí. Solo se oía a los caballos y asnos, que estaban atados. Y las tiendas las dejaron tal como estaban».

11 Los centinelas, a voz en cuello, hicieron llegar la noticia hasta el interior del palacio.

12 Aunque era de noche, el rey se levantó y les dijo a sus ministros:

―Déjenme decirles lo que esos sirios están tramando contra nosotros. Como saben que estamos pasando hambre, han abandonado el campamento y se han escondido en el campo. Lo que quieren es que salgamos, para atraparnos vivos y entrar en la ciudad.

13 Uno de sus ministros propuso:

―Que salgan algunos hombres con cinco de los caballos que aún quedan aquí. Si mueren, no les irá peor que a la multitud de israelitas que está por perecer. ¡Enviémoslos a ver qué pasa!

14 De inmediato los hombres tomaron dos carros con caballos, y el rey los mandó al campamento del ejército sirio, con instrucciones de que investigaran.

15 Llegaron hasta el Jordán y vieron que todo el camino estaba lleno de ropa y de objetos que los sirios habían arrojado al huir precipitadamente. De modo que regresaron los mensajeros e informaron al rey,

16 y el pueblo salió a saquear el campamento sirio. Y tal como la palabra delSeñorlo había dado a conocer, se pudo comprar una medida de flor de harina con una sola moneda de plata, y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio.

17 El rey le había ordenado a su ayudante personal que vigilara la entrada de la ciudad, pero el pueblo lo atropelló ahí mismo, y así se cumplió lo que había dicho el hombre de Dios cuando el rey fue a verlo.

18 De hecho, cuando el hombre de Dios le dijo al rey: «Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, podrá comprarse una doble medida de cebada con una sola moneda de plata, y una medida de flor de harina por el mismo precio»,

19 ese oficial había replicado: «¡No me digas! Aun si elSeñorabriera las ventanas del cielo, ¡no podría suceder tal cosa!» De modo que el hombre de Dios respondió: «Pues lo verás con tus propios ojos, pero no llegarás a comerlo».

20 En efecto, así ocurrió: el pueblo lo atropelló a la entrada de la ciudad, y allí murió.

2 Reyes 8

La sunamita recupera su terreno

1 Ahora bien, Eliseo le había dicho a la mujer a cuyo hijo él había revivido: «Anda, vete con tu familia a vivir donde puedas, porque elSeñorha ordenado que haya una gran hambre en el país, y que esta dure siete años».

2 La mujer se dispuso a seguir las instrucciones del hombre de Dios y se fue con su familia al país de los filisteos, donde se quedó siete años.

3 Al cabo de los siete años, cuando regresó del país de los filisteos, la mujer fue a rogarle al rey que le devolviera su casa y sus tierras.

4 En esos momentos el rey estaba hablando con Guiezi, el criado del hombre de Dios, y le había dicho: «Cuéntame todas las maravillas que ha hecho Eliseo».

5 Y precisamente cuando Guiezi le contaba al rey que Eliseo había revivido al niño muerto, la madre llegó para rogarle al rey que le devolviera su casa y sus tierras. Así que Guiezi dijo:

―Mi señor y rey, esta es la mujer, y este es el hijo que Eliseo revivió.

6 El rey le hizo preguntas a la mujer, y ella se lo contó todo. Entonces el rey le ordenó a un funcionarioque se encargara de ella y le dijo:

―Devuélvele todo lo que le pertenecía, incluso todas las ganancias que hayan producido sus tierras, desde el día en que salió del país hasta hoy.

Jazael, rey de Siria

7 Luego Eliseo se fue a Damasco. Ben Adad, rey deSiria, estaba enfermo y, cuando le avisaron que el hombre de Dios había llegado,

8 le ordenó a Jazael: «Llévale un regalo al hombre de Dios. Cuando lo veas, consulta alSeñorpor medio de él para saber si me voy a recuperar de esta enfermedad».

9 Jazael fue a ver a Eliseo, y como regalo le llevó de las mejores mercancías de Damasco, cargadas en cuarenta camellos. Cuando llegó, se presentó ante él y le dijo:

―Ben Adad, rey de Siria, su servidor,me ha enviado para preguntarle si él se va a recuperar de su enfermedad.

10 Eliseo respondió:

―Ve y dile quesobrevivirá a esa enfermedad, aunque elSeñorme ha revelado que de todos modos va a morir.

11 Luego Eliseo se quedó mirándolo fijamente, hasta que Jazael se sintió incómodo.Entonces el hombre de Dios se echó a llorar.

12 ―¿Por qué llora mi señor? —le preguntó Jazael.

―Porque yo sé bien que vas a causarles mucho daño a los israelitas —respondió—. Vas a incendiar sus fortalezas, y a matar a sus jóvenes a filo de espada; despedazarás a los niños y les abrirás el vientre a las mujeres embarazadas.

13 Jazael exclamó:

―¡Qué es este servidor de usted sino un pobre perro! ¿Cómo es posible que haga tal cosa?

Entonces Eliseo le declaró:

―ElSeñorme ha revelado que vas a ser rey de Siria.

14 Jazael se despidió de Eliseo y regresó para presentarse ante su rey. Cuando Ben Adad le preguntó qué le había dicho Eliseo, Jazael le respondió:

―Me dijo que usted sobrevivirá a su enfermedad.

15 Pero al día siguiente tomó una colcha y, empapándola en agua, le tapó la cara al rey hasta asfixiarlo. Así fue como Jazael usurpó el trono.

Jorán, rey de Judá

16 En el quinto año del reinado de Jorán hijo de Acab, rey de Israel y contemporáneo de Josafat, rey de Judá, Jorán hijo de Josafat ascendió al trono de Judá.

17 Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén ocho años.

18 Jorán hizo lo que ofende alSeñor, pues siguió el mal ejemplo de los reyes de Israel, como lo había hecho la familia de Acab, y llegó incluso a casarse con la hija de Acab.

19 Pero elSeñorno quiso destruir a Judá por consideración a su siervo David, pues le había prometido mantener encendida para siempre una lámpara para él y sus descendientes.

20 En tiempos de Jorán, los edomitas se sublevaron contra Judá y se nombraron su propio rey.

21 Por lo tanto, Jorán marchó sobre Zaír con todos sus carros de combate. Los edomitas cercaron a Jorán y a los capitanes de los carros, pero durante la noche Jorán logró abrirse paso; sin embargo, su ejército se dispersó.

22 Desde entonces Edom ha estado en rebelión contra Judá, al igual que la ciudad de Libná, que en ese mismo tiempo se sublevó.

23 Los demás acontecimientos del reinado de Jorán, y todo lo que hizo, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá.

24 Cuando murió, fue sepultado con sus antepasados en la Ciudad de David. Y su hijo Ocozías lo sucedió en el trono.

Ocozías, rey de Judá

25 En el año duodécimo de Jorán hijo de Acab, rey de Israel, Ocozías hijo de Jorán ascendió al trono de Judá.

26 Tenía veintidós años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén un año. Su madre era Atalía, nietade Omrí, rey de Israel.

27 Ocozías hizo lo que ofende alSeñor, pues siguió el mal ejemplo de la familia de Acab, con la que estaba emparentado.

28 Ocozías, junto con Jorán hijo de Acab, marchó hacia Ramot de Galaad para hacerle guerra a Jazael, rey deSiria, pero en la batalla los sirios hirieron a Jorán.

29 Por eso el rey Jorán tuvo que regresar a Jezrel para reponerse de las heridas que había recibido de los sirios en Ramot,cuando luchó contra Jazael, rey de Siria. Como Jorán hijo de Acab convalecía en Jezrel, Ocozías hijo de Jorán, rey de Judá, fue a visitarlo.

2 Reyes 9

Jehú ungido rey de Israel

1 Un día, el profeta Eliseo llamó a un miembro de la comunidad de los profetas. «Arréglate la ropa para viajar —le ordenó—. Toma este frasco de aceite y ve a Ramot de Galaad.

2 Cuando llegues, busca a Jehú, hijo de Josafat y nieto de Nimsi. Ve adonde esté, apártalo de sus compañeros y llévalo a un cuarto.

3 Toma entonces el frasco, derrama el aceite sobre su cabeza y declárale: “Así dice elSeñor: ‘Ahora te unjo como rey de Israel’ ”. Luego abre la puerta y huye; ¡no te detengas!»

4 Acto seguido, el joven profeta se fue a Ramot de Galaad.

5 Cuando llegó, encontró reunidos a los capitanes del ejército y les dijo:

―Tengo un mensaje para el capitán.

―¿Para cuál de todos nosotros? —preguntó Jehú.

―Para usted, mi capitán —respondió.

6 Jehú se levantó y entró en la casa. Entonces el profeta lo ungió con el aceite y declaró:

«Así dice elSeñor, Dios de Israel: “Ahora te unjo como rey sobre mi pueblo Israel.

7 Destruirás a la familia de Acab, tu señor, y así me vengaré de la sangre de mis siervos los profetas; castigando a Jezabel, vengaré la sangre de todos mis siervos.

8 Toda la familia de Acab perecerá, pues de sus descendientes en Israel exterminaré hasta el último varón,esclavo o libre.

9 Haré con ellos lo mismo que hice con la familia de Jeroboán hijo de Nabat y con la familia de Basá hijo de Ahías.

10 Y en cuanto a Jezabel, los perros se la comerán en el campo de Jezrel, y nadie le dará sepultura”».

Acto seguido, el profeta abrió la puerta y huyó.

11 Cuando Jehú salió para volver a reunirse con los capitanes, uno de ellos le preguntó:

―¿Todo bien? ¿Qué quería ese loco?

―Ustedes ya lo conocen —respondió—, y saben cómo habla.

12 ―¡Pamplinas! —replicaron—. Dinos la verdad.

Jehú admitió:

―Esto es lo que me declaró, palabra por palabra: “Así dice elSeñor: ‘Ahora te unjo como rey de Israel’ ”.

13 Dicho esto, todos se apresuraron a tender sus mantos sobre los escalones, a los pies de Jehú. Luego tocaron la trompeta y gritaron: «¡Viva el rey Jehú!»

Jehú asesina a Jorán y a Ocozías

14 Entonces Jehú, hijo de Josafat y nieto de Nimsi, conspiró contra Jorán. Sucedió que Jorán, con todo el ejército israelita, había estado defendiendo Ramot de Galaad contra Jazael, rey deSiria,

15 pero tuvo que regresar a Jezrel para reponerse de las heridas que había recibido de los sirios en la batalla. Así que Jehú les dijo a sus partidarios: «Si ustedes quieren que yo sea rey, no dejen que nadie salga de la ciudad para ir a Jezrel con el informe».

16 Luego se montó en su carro de combate y fue a Jezrel, pues allí se estaba recuperando Jorán, a quien también Ocozías, rey de Judá, había ido a visitar.

17 Cuando el centinela que vigilaba desde la torre de Jezrel vio que las tropas de Jehú se acercaban, gritó:

―¡Se acercan unas tropas!

En seguida Jorán ordenó:

―Llama a un jinete y mándalo al encuentro de las tropas para preguntarles si vienen en son de paz.

18 El jinete se fue al encuentro de Jehú y le dijo:

―El rey quiere saber si vienen en son de paz.

―¿Y a ti qué te importa? —replicó Jehú—. Ponte allí atrás.

Entonces el centinela anunció:

―El mensajero ya llegó hasta ellos, pero no lo veo regresar.

19 Por tanto, el rey mandó a otro jinete, el cual fue a ellos y repitió:

―El rey quiere saber si vienen en son de paz.

―Eso a ti no te importa —replicó Jehú—. Ponte allí atrás.

20 El centinela informó de nuevo:

―Ya llegó el mensajero hasta ellos, pero a él tampoco lo veo regresar. Además, el que conduce el carro ha de ser Jehú hijo de Nimsi, pues lo hace como un loco.

21 ―¡Enganchen el carro! —exclamó Jorán.

Así lo hicieron. Y en seguida Jorán, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro, salieron y se encontraron con Jehú en la propiedad que había pertenecido a Nabot el jezrelita.

22 Cuando Jorán vio a Jehú, le preguntó:

―Jehú, ¿vienes en son de paz?

―¿Cómo puede haber paz mientras haya tantas idolatríasy hechicerías de tu madre Jezabel? —replicó Jehú.

23 Jorán se dio la vuelta para huir, mientras gritaba:

―¡Traición, Ocozías!

24 Pero Jehú, que ya había tensado su arco, le disparó a Jorán por la espalda, y la flecha le atravesó el corazón. Jorán se desplomó en el carro,

25 y Jehú le ordenó a su ayudante Bidcar:

―Saca el cadáver y tíralo en el terreno que fue propiedad de Nabot el jezrelita. Recuerda el día en que tú y yo conducíamos juntos detrás de Acab, padre de Jorán, y elSeñorpronunció contra él esta sentencia:

26 “Ayer vi aquí la sangre de Nabot y de sus hijos. Por lo tanto, juro que en este mismo terreno te haré pagar por ese crimen. Yo, elSeñor, lo afirmo”.Saca, pues, el cadáver y tíralo en el terreno, según la palabra que dio a conocer elSeñor.

27 Cuando Ocozías, rey de Judá, vio lo que pasaba, huyó en dirección a Bet Hagán.Pero Jehú lo persiguió, y ordenó:

―¡Mátenlo a él también!

Y lo hirieronen su carro cuando iba por la cuesta de Gur, cerca de Ibleam, pero logró escapar y llegar a Meguido. Allí murió.

28 Luego sus siervos trasladaron el cuerpo a Jerusalén, la Ciudad de David, donde lo sepultaron en su tumba, junto a sus antepasados.

29 Ocozías había ascendido al trono en el undécimo año del reinado de Jorán hijo de Acab.

Muerte de Jezabel

30 Cuando Jezabel se enteró de que Jehú estaba regresando a Jezrel, se sombreó los ojos, se arregló el cabello y se asomó a la ventana.

31 Al entrar Jehú por lapuertade la ciudad, ella le preguntó:

―¿Cómo estás, Zimri, asesino de tu señor?

32 Levantando la vista hacia la ventana, Jehú gritó:

―¿Quién está de mi parte? ¿Quién?

Entonces se asomaron dos o tres oficiales,

33 y Jehú les ordenó:

―¡Arrójenla de allí!

Así lo hicieron, y su sangre salpicó la pared y a los caballos que la pisotearon.

34 Luego Jehú se sentó a comer y beber, y dio esta orden:

―Ocúpense de esa maldita mujer; denle sepultura, pues era hija de un rey.

35 Pero, cuando fueron a enterrarla, no encontraron más que el cráneo, los pies y las manos.

36 Así que volvieron para informarle a Jehú, y este comentó:

―Se ha cumplido la palabra que elSeñordio a conocer por medio de su siervo Elías el tisbita, que dijo: “En el campo de Jezrel los perros se comerán a Jezabel”.

37 De hecho, el cadáver de Jezabel será como estiércol en el campo de Jezrel, y nadie podrá identificarla ni decir: “Esta era Jezabel”.