2 Samuel 13

Amnón y Tamar

1 Pasado algún tiempo, sucedió lo siguiente. Absalón hijo de David tenía una hermana muy bella, que se llamaba Tamar; y Amnón, otro hijo de David, se enamoró de ella.

2 Pero, como Tamar era virgen, Amnón se enfermó de angustia al pensar que le sería muy difícil llevar a cabo sus intenciones con su hermana.

3 Sin embargo, Amnón tenía un amigo muy astuto, que se llamaba Jonadab, y que era hijo de Simá y sobrino de David.

4 Jonadab le preguntó a Amnón:

―¿Cómo es que tú, todo un príncipe, te ves cada día peor? ¿Por qué no me cuentas lo que te pasa?

―Es que estoy muy enamorado de mi hermana Tamar —respondió Amnón.

5 Jonadab le sugirió:

―Acuéstate y finge que estás enfermo. Cuando tu padre vaya a verte, dile: “Por favor, que venga mi hermana Tamar a darme de comer. Quisiera verla preparar la comida aquí mismo, y que ella me la sirva”.

6 Así que Amnón se acostó y fingió estar enfermo. Y, cuando el rey fue a verlo, Amnón le dijo:

―Por favor, que venga mi hermana Tamar a prepararme aquí mismo dos tortas, y que me las sirva.

7 David envió un mensajero a la casa de Tamar, para que le diera este recado: «Ve a casa de tu hermano Amnón, y prepárale la comida».

8 Tamar fue a casa de su hermano Amnón y lo encontró acostado. Tomó harina, la amasó, preparó las tortas allí mismo, y las coció.

9 Luego tomó la sartén para servirle, pero Amnón se negó a comer y ordenó:

―¡Fuera de aquí todos!

Una vez que todos salieron,

10 Amnón le dijo a Tamar:

―Trae la comida a mi habitación, y dame de comer tú misma.

Ella tomó las tortas que había preparado y se las llevó a su hermano Amnón a la habitación,

11 pero, cuando se le acercó para darle de comer, él la agarró por la fuerza y le dijo:

―¡Ven, hermanita; acuéstate conmigo!

12 Pero ella exclamó:

―¡No, hermano mío! No me humilles, que esto no se hace en Israel. ¡No cometas esta infamia!

13 ¿A dónde iría yo con mi vergüenza? ¿Y qué sería de ti? ¡Serías visto en Israel como un depravado! Yo te ruego que hables con el rey; con toda seguridad, no se opondrá a que yo sea tu esposa.

14 Pero Amnón no le hizo caso, sino que, aprovechándose de su fuerza, se acostó con ella y la violó.

15 Pero el odio que sintió por ella después de violarla fue mayor que el amor que antes le había tenido. Así que le dijo:

―¡Levántate y vete!

16 ―¡No me eches de aquí! —replicó ella—. Después de lo que has hecho conmigo, ¡echarme de aquí sería una maldad aun más terrible!

Pero él no le hizo caso,

17 sino que llamó a su criado y le ordenó:

―¡Echa de aquí a esta mujer y cierra la puerta!

18 Así que el criado la echó de la casa, y luego cerró bien la puerta.

Tamar llevaba puesta una túnica muy elegante,pues así se vestían las princesas vírgenes.

19 Al salir, se echó ceniza en la cabeza, se rasgó la túnica y, llevándose las manos a la cabeza, se fue por el camino llorando a gritos.

20 Entonces su hermano Absalón le dijo:

―¡Así que tu hermano Amnón ha estado contigo! Pues bien, hermana mía, cálmate y no digas nada. Toma en cuenta que es tu hermano.

Desolada, Tamar se quedó a vivir en casa de su hermano Absalón.

21 El rey David, al enterarse de todo lo que había pasado, se enfureció.

22 Absalón, por su parte, no le dirigía la palabra a Amnón, pues lo odiaba por haber violado a su hermana Tamar.

Asesinato de Amnón

23 Pasados dos años, Absalón convidó a todos los hijos del rey a un banquete en Baal Jazor, cerca de la frontera de Efraín, donde sus hombres estaban esquilando ovejas.

24 Además, se presentó ante el rey y le dijo:

―Su Majestad, este siervo suyo tiene esquiladores trabajando. Le ruego venir con su corte.

25 ―No, hijo mío —le respondió el rey—. No debemos ir todos, pues te seríamos una carga.

Absalón insistió, pero el rey no quiso ir; sin embargo, le dio su bendición.

26 Entonces Absalón le dijo:

―Ya que Su Majestad no viene, ¿por qué no permite que nos acompañe mi hermano Amnón?

―¿Y para qué va a ir contigo? —le preguntó el rey.

27 Pero tanto insistió Absalón que el rey dejó que Amnón y sus otros hijos fueran con Absalón.

28 Este, por su parte, les había dado instrucciones a sus criados: «No pierdan de vista a Amnón. Y, cuando se le haya subido el vino,yo les daré la señal de ataque, y ustedes lo matarán. No tengan miedo, pues soy yo quien les da la orden. Ánimo; sean valientes».

29 Los criados hicieron con Amnón tal como Absalón les había ordenado. Entonces los otros hijos del rey se levantaron y, montando cada uno su mula, salieron huyendo.

30 Todavía estaban en camino cuando llegó este rumor a oídos de David: «¡Absalón ha matado a todos los hijos del rey! ¡Ninguno de ellos ha quedado con vida!»

31 El rey se levantó y, rasgándose las vestiduras en señal de duelo, se arrojó al suelo. También todos los oficiales que estaban con él se rasgaron las vestiduras.

32 Pero Jonadab, el hijo de Simá y sobrino de David, intervino:

―No piense Su Majestad que todos los príncipes han sido asesinados, sino solo Amnón. Absalón ya lo tenía decidido desde el día en que Amnón violó a su hermana Tamar.

33 Su Majestad no debe dejarse llevar por el rumor de que han muerto todos sus hijos, pues el único que ha muerto es Amnón.

34 El centinela de la ciudad alzó la vista y vio que del oeste, por la ladera del monte, venía bajando una gran multitud. Entonces fue a decirle al rey: «Veo venir gente por el camino de Joronayin, por la ladera del monte».Mientras tanto, Absalón había huido.

35 Jonadab le comentó al rey:

―¿Ya ve Su Majestad? Aquí llegan sus hijos, tal como yo se lo había dicho.

36 Apenas había terminado de hablar cuando entraron los hijos del rey, todos ellos llorando a voz en cuello, y también el rey y sus oficiales se pusieron a llorar desconsoladamente.

37-38 Absalón, en su huida, fue a refugiarse con Talmay hijo de Amiud, rey de Guesur, y allí se quedó tres años. David, por su parte, lloraba todos los días por su hijo Amnón

39 y, cuando se consoló por su muerte, comenzó a sentir grandes deseos de ver a Absalón.

2 Samuel 14

Absalón regresa a Jerusalén

1 Joab hijo de Sarvia se dio cuenta de que el rey extrañaba mucho a Absalón.

2 Por eso mandó traer a una mujer muy astuta, la cual vivía en Tecoa, y le dijo:

―Quiero que te vistas de luto, y que no te eches perfume, sino que finjas estar de duelo, como si llevaras mucho tiempo llorando la muerte de alguien.

3 Luego Joab le ordenó presentarse ante el rey, explicándole antes lo que tenía que decirle.

4 Cuando aquella mujer de Tecoa se presentó ante el rey,le hizo una reverencia y se postró rostro en tierra.

―¡Ayúdeme, Su Majestad! —exclamó.

5 ―¿Qué te pasa? —le preguntó el rey.

―Soy una pobre viuda —respondió ella—; mi esposo ha muerto.

6 Esta servidora de Su Majestad tenía dos hijos, los cuales se pusieron a pelear en el campo. Como no había nadie que los separara, uno de ellos le asestó un golpe al otro y lo mató.

7 Pero ahora resulta que toda la familia se ha puesto en contra de esta servidora de Su Majestad. Me exigen que entregue al asesino para que lo maten, y así vengar la muerte de su hermano, aunque al hacerlo eliminen al heredero. La verdad es que de esa manera apagarían la última luz de esperanza que me queda, y dejarían a mi esposo sinnombreni descendencia sobre la tierra.

8 ―Regresa a tu casa, que yo me encargaré de este asunto —respondió el rey.

9 Pero la mujer de Tecoa replicó:

―Su Majestad, que la culpa caiga sobre mí y sobre mi familia, y no sobre el rey ni su trono.

10 ―Si alguien te amenaza —insistió el rey—, tráemelo para que no vuelva a molestarte.

11 Entonces ella le suplicó:

―¡Ruego a Su Majestad invocar alSeñorsu Dios, para que quien deba vengar la muerte de mi hijo no aumente mi desgracia matando a mi otro hijo!

―¡Tan cierto como que elSeñorvive —respondió el rey—, juro que tu hijo no perderá ni un solo cabello!

12 Pero la mujer siguió diciendo:

―Permita Su Majestad a esta servidora suya decir algo más.

―Habla.

13 ―¿Cómo es que Su Majestad intenta hacer lo mismo contra el pueblo de Dios? Al prometerme usted estas cosas, se declara culpable, pues no deja regresar a su hijo desterrado.

14 Así como el agua que se derrama en tierra no se puede recoger, así también todos tenemos que morir. Pero Dios no nos arrebata lavida, sino que provee los medios para que el desterrado no siga separado de él para siempre.

15 »Yo he venido a hablar con Su Majestad porque hay gente que me ha infundido temor. He pensado: “Voy a hablarle al rey; tal vez me conceda lo que le pida,

16 librándonos a mí y a mi hijo de quien quiere eliminarnos, para quedarse con la heredad que Dios nos ha dado”.

17 »Pensé, además, que su palabra me traería alivio, pues Su Majestad es como un ángel de Dios, que sabe distinguir entre lo bueno y lo malo. ¡Que elSeñorsu Dios lo bendiga!»

18 Al llegar a este punto, el rey le dijo a la mujer:

―Voy a hacerte una pregunta, y te pido que no me ocultes nada.

―Dígame usted.

19 ―¿Acaso no está Joab detrás de todo esto?

La mujer respondió:

―Juro por la vida de Su Majestad que su pregunta ha dado en el blanco.En efecto, fue su siervo Joab quien me instruyó y puso en mis labios todo lo que he dicho.

20 Lo hizo para disimular el asunto,pero Su Majestad tiene la sabiduría de un ángel de Dios, y sabe todo lo que sucede en el país.

21 Entonces el rey llamó a Joab y le dijo:

―Estoy de acuerdo. Anda, haz que regrese el joven Absalón.

22 Postrándose rostro en tierra, Joab le hizo una reverencia al rey y le dio las gracias, añadiendo:

―Hoy sé que cuento con el favor de mi señor y rey, pues usted ha accedido a mi petición.

23 Dicho esto, Joab emprendió la marcha a Guesur, y regresó a Jerusalén con Absalón.

24 Pero el rey dio esta orden: «Que se retire a su casa, y que nunca me visite». Por tanto, Absalón tuvo que irse a su casa sin presentarse ante el rey.

25 En todo Israel no había ningún hombre tan admirado como Absalón por su hermosura; era perfecto de pies a cabeza.

26 Tenía una cabellera tan pesada que una vez al año tenía que cortársela; y según la medida oficial, el pelo cortado pesaba dos kilos.

27 Además, tuvo tres hijos y una hija. Su hija, que se llamaba Tamar, llegó a ser una mujer muy hermosa.

28 Absalón vivió en Jerusalén durante dos años sin presentarse ante el rey.

29 Un día, le pidió a Joab que fuera a ver al rey, pero Joab no quiso ir. Se lo volvió a pedir, pero Joab se negó a hacerlo.

30 Así que Absalón dio esta orden a sus criados: «Miren, Joab ha sembrado cebada en el campo que tiene junto al mío. ¡Vayan y préndanle fuego!»

Los criados fueron e incendiaron el campo de Joab.

31 Entonces este fue en seguida a casa de Absalón y le reclamó:

―¿Por qué tus criados le han prendido fuego a mi campo?

32 Y Absalón le respondió:

―Te pedí que fueras a ver al rey y le preguntaras para qué he vuelto de Guesur. ¡Más me habría valido quedarme allá! Voy a presentarme ante el rey y, si soy culpable de algo, ¡que me mate!

33 Joab fue a comunicárselo al rey; este, por su parte, mandó llamar a Absalón, el cual se presentó ante el rey y, postrándose rostro en tierra, le hizo una reverencia. A su vez, el rey recibió a Absalón con un beso.

2 Samuel 15

Absalón conspira contra David

1 Pasado algún tiempo, Absalón consiguió carros de combate, algunos caballos y una escolta de cincuenta soldados.

2 Se levantaba temprano y se ponía a la vera del camino, junto a laentradade la ciudad. Cuando pasaba alguien que iba a ver al rey para que le resolviera un pleito, Absalón lo llamaba y le preguntaba de qué pueblo venía. Aquel le decía de qué tribu israelita era,

3 y Absalón le aseguraba: «Tu demanda es muy justa, pero no habrá quien te escuche de parte del rey».

4 En seguida añadía: «¡Ojalá me pusieran por juez en el país! Todo el que tuviera un pleito o una demanda vendría a mí, y yo le haría justicia».

5 Además de esto, si alguien se le acercaba para inclinarse ante él, Absalón le tendía los brazos, lo abrazaba y lo saludaba con un beso.

6 Esto hacía Absalón con todos los israelitas que iban a ver al rey para que les resolviera algún asunto, y así fue ganándose el cariño del pueblo.

7 Al cabo de cuatroaños, Absalón le dijo al rey:

―Permítame Su Majestad ir a Hebrón, a cumplir un voto que le hice alSeñor.

8 Cuando vivía en Guesur deSiria, hice este voto: “Si elSeñorme concede volver a Jerusalén, le ofreceré un sacrificio”.

9 ―Vete tranquilo —respondió el rey.

Absalón emprendió la marcha a Hebrón,

10 pero al mismo tiempo envió mensajeros por todas las tribus de Israel con este mensaje: «Tan pronto como oigan el toque de trompeta, exclamen: “¡Absalón reina en Hebrón!”»

11 Además, desde Jerusalén llevó Absalón a doscientos invitados, los cuales lo acompañaron de buena fe y sin sospechar nada.

12 Luego, mientras celebraba los sacrificios, Absalón mandó llamar a un consejero de su padre David, el cual se llamaba Ajitofel y era del pueblo de Guiló. Así la conspiración fue tomando fuerza, y el número de los que seguían a Absalón crecía más y más.

13 Un mensajero le llevó a David esta noticia: «Todos los israelitas se han puesto de parte de Absalón».

14 Entonces David les dijo a todos los oficiales que estaban con él en Jerusalén:

―¡Vámonos de aquí! Tenemos que huir, pues de otro modo no podremos escapar de Absalón. Démonos prisa, no sea que él se nos adelante. Si nos alcanza, nos traerá la ruina y pasará a toda la gente a filo de espada.

15 ―Como diga Su Majestad —respondieron los oficiales—; nosotros estamos para servirle.

16 De inmediato partió el rey acompañado de toda la corte, con excepción de diez concubinas que dejó para cuidar el palacio.

17 Habiendo salido del palacio con todo su séquito, se detuvo junto a la casa más lejana de la ciudad.

18 Todos sus oficiales se pusieron a su lado. Entonces los quereteos y los peleteos, y seiscientos guititas que lo habían seguido desde Gat, desfilaron ante el rey.

19 El rey se dirigió a Itay el guitita:

―¿Y tú por qué vienes con nosotros? Regresa y quédate con el rey Absalón, ya que eres extranjero y has sido desterrado de tu propio país.

20 ¿Cómo voy a dejar que nos acompañes, si acabas de llegar y ni yo mismo sé a dónde vamos? Regresa y llévate a tus paisanos. ¡Y que el amor y la fidelidad de Dios te acompañen!

21 Pero Itay le respondió al rey:

―¡Tan cierto como que elSeñory Su Majestad viven, juro que, para vida o para muerte, iré adondequiera que usted vaya!

22 ―Está bien —contestó el rey—, ven con nosotros.

Así que Itay el guitita marchó con todos los hombres de David y con las familias que lo acompañaban.

23 Todo el pueblo lloraba a gritos mientras David pasaba con su gente y, cuando el rey cruzó el arroyo de Cedrón, toda la gente comenzó la marcha hacia el desierto.

24 Entre ellos se encontraba también Sadoc, con los levitas que llevaban el arca delpactode Dios. Estos hicieron descansar el arca en el suelo, y Abiatar ofreció sacrificioshasta que toda la gente terminó de salir de la ciudad.

25 Luego le dijo el rey al sacerdote Sadoc:

―Devuelve el arca de Dios a la ciudad. Si cuento con el favor delSeñor, él hará que yo regrese y vuelva a ver el arca y el lugar donde él reside.

26 Pero, si elSeñorme hace saber que no le agrado, quedo a su merced y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca.

27 También le dijo:

―Como tú eres vidente, puedes volver tranquilo a la ciudad con Abiatar, y llevarte contigo a tu hijo Ajimaz y a Jonatán hijo de Abiatar.

28 Yo me quedaré en los llanos del desierto hasta que ustedes me informen de la situación.

29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron a Jerusalén con el arca de Dios, y allí se quedaron.

30 David, por su parte, subió al monte de los Olivos llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todos los que lo acompañaban se cubrieron la cabeza y subieron llorando.

31 En eso le informaron a David que Ajitofel se había unido a la conspiración de Absalón. Entonces David oró: «Señor, haz que fracasen los planes de Ajitofel».

32 Cuando David llegó a la cumbre del monte, donde se rendía culto a Dios, se encontró con Husay el arquita, que en señal de duelo llevaba las vestiduras rasgadas y la cabeza cubierta de ceniza.

33 David le dijo:

―Si vienes conmigo, vas a serme una carga.

34 Es mejor que regreses a la ciudad y le digas a Absalón: “Majestad, estoy a su servicio. Antes fui siervo de su padre, pero ahora lo soy de usted”. De ese modo podrás ayudarme a desbaratar los planes de Ajitofel.

35 Allí contarás con los sacerdotes Sadoc y Abiatar, así que manténlos informados de todo lo que escuches en el palacio real.

36 También contarás con Ajimaz hijo de Sadoc y con Jonatán hijo de Abiatar; comuníquenme ustedes por medio de ellos cualquier cosa que averigüen.

37 Husay, que era amigo de David, llegó a Jerusalén en el momento en que Absalón entraba en la ciudad.

2 Samuel 16

David y Siba

1 Un poco más allá de la cumbre del monte, David se encontró con Siba, el criado de Mefiboset, que llevaba un par de asnos aparejados y cargados con doscientos panes, cien tortas de uvas pasas, cien tortas de higos y un odre de vino.

2 ―¿Qué vas a hacer con todo esto? —le preguntó el rey.

Siba respondió:

―Los asnos son para que monte la familia de Su Majestad, el pan y la fruta son para que coman los soldados, y el vino es para que beban los que desfallezcan en el desierto.

3 Entonces el rey le preguntó:

―¿Dónde está el nieto de tu amo?

―Se quedó en Jerusalén —respondió Siba—. Él se imagina que ahora la nación de Israel le va a devolver el reino de su abuelo.

4 ―Bueno —replicó el rey—, todo lo que antes fue de Mefiboset ahora es tuyo.

―¡A sus pies, mi señor y rey! —exclamó Siba—. ¡Que cuente yo siempre con el favor de Su Majestad!

Simí maldice a David

5 Cuando el rey David llegó a Bajurín, salía de allí un hombre de la familia de Saúl, llamado Simí hijo de Guerá. Este se puso a maldecir,

6 y a tirarles piedras a David y a todos sus oficiales, a pesar de que las tropas y la guardia real rodeaban al rey.

7 En sus insultos, Simí le decía al rey:

―¡Largo de aquí! ¡Asesino! ¡Canalla!

8 ElSeñorte está dando tu merecido por haber masacrado a la familia de Saúl para reinar en su lugar. Por eso elSeñorle ha entregado el reino a tu hijo Absalón. Has caído en desgracia, porque eres un asesino.

9 Abisay hijo de Sarvia le dijo al rey:

―¿Cómo se atreve esteperromuerto a maldecir a Su Majestad? ¡Déjeme que vaya y le corte la cabeza!

10 Pero el rey respondió:

―Esto no es asunto mío ni de ustedes, hijos de Sarvia. A lo mejor elSeñorle ha ordenado que me maldiga. Y, si es así, ¿quién se lo puede reclamar?

11 Dirigiéndose a Abisay y a todos sus oficiales, David añadió:

―Si el hijo de mis entrañas intenta quitarme lavida, ¡qué no puedo esperar de este benjaminita! Déjenlo que me maldiga, pues elSeñorse lo ha mandado.

12 A lo mejor elSeñortoma en cuenta mi aflicción y me paga con bendiciones las maldiciones que estoy recibiendo.

13 David y sus hombres reanudaron el viaje. Simí, por su parte, los seguía por la ladera del monte, maldiciendo a David, tirándole piedras y levantando polvo.

14 El rey y quienes lo acompañaban llegaron agotados a su destino, así que descansaron allí.

El consejo de Husay y Ajitofel

15 Mientras tanto, Absalón y todos los israelitas que lo seguían habían entrado en Jerusalén; también Ajitofel lo acompañaba.

16 Entonces Husay el arquita, amigo de David, fue a ver a Absalón y exclamó:

―¡Viva el rey! ¡Viva el rey!

17 Absalón le preguntó:

―¿Así muestras tu lealtad a tu amigo? ¿Cómo es que no te fuiste con él?

18 ―De ningún modo —respondió Husay—. Soy más bien amigo del elegido delSeñor, elegido también por este pueblo y por todos los israelitas. Así que yo me quedo con usted.

19 Además, ¿a quién voy a servir? Serviré al hijo, como antes serví al padre.

20 Luego le dijo Absalón a Ajitofel:

―Pónganse a pensar en lo que debemos hacer.

21 Ajitofel le respondió:

―Acuéstese usted con las concubinas que su padre dejó al cuidado del palacio. De ese modo todos los israelitas se darán cuenta de que Su Majestad ha roto con su padre, y quienes lo apoyan a usted se fortalecerán en el poder.

22 Entonces instalaron una tienda de campaña en la azotea para que Absalón se acostara con las concubinas de su padre a la vista de todos los israelitas.

23 En aquella época, recibir el consejo de Ajitofel era como oír la palabra misma de Dios, y esto era así tanto para David como para Absalón.

2 Samuel 17

1 Además, Ajitofel le propuso a Absalón lo siguiente:

―Yo escogería doce mil soldados, y esta misma noche saldría en busca de David.

2 Como él debe de estar cansado y sin ánimo, lo atacaría, le haría sentir mucho miedo y pondría en fuga al resto de la gente que está con él. Pero mataría solamente al rey,

3 y los demás se los traería a Su Majestad. La muerte del hombre que usted busca dará por resultado el regreso de los otros,y todo el pueblo quedará enpaz.

4 La propuesta le pareció acertada a Absalón, lo mismo que a todos losancianosde Israel,

5 pero Absalón dijo:

―Llamemos también a Husay el arquita, para ver cuál es su opinión.

6 Cuando Husay llegó, Absalón le preguntó:

―¿Debemos adoptar el plan que Ajitofel nos ha propuesto? Si no, ¿qué propones tú?

7 ―Esta vez el plan de Ajitofel no es bueno —respondió Husay—.

8 Usted conoce bien a su padre David y a sus soldados: son valientes, y deben estar furiosos como una osa salvaje a la que le han robado su cría. Además, su padre tiene mucha experiencia como hombre de guerra y no ha de pasar la noche con las tropas.

9 Ya debe de estar escondido en alguna cueva o en otro lugar. Si él ataca primero,cualquiera que se entere dirá: “Ha habido una matanza entre las tropas de Absalón”.

10 Entonces aun los soldados más valientes, que son tan bravos como un león, se van a acobardar, pues todos los israelitas saben que David, su padre, es un gran soldado y cuenta con hombres muy valientes.

11 »El plan que yo propongo es el siguiente: Convoque Su Majestad a todos los israelitas que hay, desde Dan hasta Berseba. Son tan numerosos como la arena a la orilla del mar, y Su Majestad mismo debe dirigirlos en la batalla.

12 Atacaremos a David, no importa dónde se encuentre; caeremos sobre él como el rocío que cae sobre la tierra. No quedarán vivos ni él ni ninguno de sus soldados.

13 Y, si llega a refugiarse en algún pueblo, todos los israelitas llevaremos sogas a ese lugar, y juntos arrastraremos a ese pueblo hasta el arroyo, de modo que no quede allí ni una piedra».

14 Absalón y todos los israelitas dijeron:

―El plan de Husay el arquita es mejor que el de Ajitofel.

Esto sucedió porque elSeñorhabía determinado hacer fracasar el consejo de Ajitofel, aunque era el más acertado, y de ese modo llevar a Absalón a la ruina.

15 Entonces Husay les dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar:

―Ajitofel les propuso tal y tal plan a Absalón y a los ancianos de Israel, pero yo les propuse este otro.

16 Dense prisa y mándenle este mensaje a David: “No pase Su Majestad la noche en los llanos del desierto; más bien, cruce de inmediato al otro lado, no vaya a ser que Su Majestad y quienes lo acompañan sean aniquilados”.

17 Jonatán y Ajimaz se habían quedado en Enroguel. Como no se podían arriesgar a que los vieran entrar en la ciudad, una criada estaba encargada de darles la información para que ellos se la pasaran al rey David.

18 Sin embargo, un joven los vio y se lo hizo saber a Absalón, así que ellos se fueron de allí en seguida. Cuando llegaron a la casa de cierto hombre en Bajurín, se metieron en un pozo que él tenía en el patio.

19 La esposa de aquel hombre cubrió el pozo y esparció trigo sobre la tapa. De esto nadie se enteró.

20 Al pasar los soldados de Absalón por la casa, le preguntaron a la mujer:

―¿Dónde están Jonatán y Ajimaz?

―Cruzaron el río—respondió ella.

Los soldados salieron en busca de ellos, pero, como no pudieron encontrarlos, regresaron a Jerusalén.

21 Después de que los soldados se fueron, Jonatán y Ajimaz salieron del pozo y se dirigieron adonde estaba David para ponerlo sobre aviso. Le dijeron:

―Crucen el río a toda prisa, pues Ajitofel ha aconsejado que los ataquen.

22 Por tanto, David y quienes lo acompañaban se fueron y cruzaron el Jordán antes de que amaneciera. Todos sin excepción lo cruzaron.

23 Ajitofel, por su parte, al ver que Absalón no había seguido su consejo, aparejó el asno y se fue a su pueblo. Cuando llegó a su casa, luego de arreglar sus asuntos, fue y se ahorcó. Así murió, y fue enterrado en la tumba de su padre.

24 David se dirigió a Majanayin, y Absalón lo siguió, cruzando el Jordán con todos los israelitas.

25 Ahora bien, en lugar de Joab, Absalón había nombrado general de su ejército a Amasá, que era hijo de un hombre llamado Itrá,el cual era ismaelitay se había casado con Abigaíl, hija de Najás y hermana de Sarvia, la madre de Joab.

26 Los israelitas que estaban con Absalón acamparon en el territorio de Galaad.

27 Cuando David llegó a Majanayin, allí estaban Sobí hijo de Najás, oriundo de Rabá, ciudad amonita; Maquir hijo de Amiel, que era de Lo Debar; y Barzilay el galaadita, habitante de Roguelín.

28 Estos habían llevado camas, vasijas y ollas de barro, y también trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas,

29 miel, cuajada, queso de vaca y ovejas. Les ofrecieron esos alimentos a David y a su comitiva para que se los comieran, pues pensaban que en el desierto esta gente habría pasado hambre y sed, y estaría muy cansada.

2 Samuel 18

Muerte de Absalón

1 David pasó revista a sus tropas y nombró jefes sobre grupos de mil y de cien soldados.

2 Los dividió en tres unidades y los envió a la batalla. La primera unidad estaba bajo el mando de Joab, la segunda bajo el mando de Abisay, hijo de Sarvia y hermano de Joab, y la tercera bajo el mando de Itay el guitita.

―Yo los voy a acompañar —dijo el rey.

3 Pero los soldados respondieron:

―No, Su Majestad no debe acompañarnos. Si tenemos que huir, el enemigo no se va a ocupar de nosotros. Y aun si la mitad de nosotros muere, a ellos no les va a importar. ¡Pero Su Majestad vale por diez mil de nosotros!Así que es mejor que se quede y nos apoye desde la ciudad.

4 ―Bien —dijo el rey—, haré lo que les parezca más conveniente.

Dicho esto, se puso a un lado de laentradade la ciudad, mientras todos los soldados marchaban en grupos de cien y de mil.

5 Además, el rey dio esta orden a Joab, Abisay e Itay:

―No me traten duro al joven Absalón.

Y todas las tropas oyeron las instrucciones que el rey le dio a cada uno de sus generales acerca de Absalón.

6 El ejército marchó al campo para pelear contra Israel, y la batalla se libró en el bosque de Efraín.

7 La lucha fue intensa aquel día: hubo veinte mil bajas. Sin embargo, los soldados de David derrotaron allí al ejército de Israel.

8 La batalla se extendió por toda el área, de modo que el bosque causó más muertes que la espada misma.

9 Absalón, que huía montado en una mula, se encontró con los soldados de David. La mula se metió por debajo de una gran encina, y a Absalón se le trabó la cabeza entre las ramas. Como la mula siguió de largo, Absalón quedó colgado en el aire.

10 Un soldado que vio lo sucedido le dijo a Joab:

―Acabo de ver a Absalón colgado de una encina.

11 ―¡Cómo! —exclamó Joab—. ¿Lo viste y no lo mataste ahí mismo? Te habría dado diez monedas de platay un cinturón.

12 Pero el hombre respondió:

―Aun si recibiera mil monedas, yo no alzaría la mano contra el hijo del rey. Todos oímos cuando el rey les ordenó a usted, a Abisay y a Itay que no le hicieran daño al joven Absalón.

13 Si yo me hubiera arriesgado,me habrían descubierto, pues nada se le escapa al rey; y usted, por su parte, me habría abandonado.

14 ―No voy a malgastar mi tiempo contigo —replicó Joab.

Acto seguido, agarró tres lanzas y fue y se las clavó en el pecho a Absalón, que todavía estaba vivo en medio de la encina.

15 Luego, diez de los escuderos de Joab rodearon a Absalón y lo remataron.

16 Entonces Joab mandó tocar la trompeta para detener a las tropas, y dejaron de perseguir a los israelitas.

17 Después tomaron el cuerpo de Absalón, lo tiraron en un hoyo grande que había en el bosque, y sobre su cadáver amontonaron muchísimas piedras. Mientras tanto, todos los israelitas huyeron a sus hogares.

18 En vida, Absalón se había erigido unaestelaen el valle del Rey, pues pensaba: «No tengo ningún hijo que conserve mi memoria». Así que a esa estela le puso su propionombre, y por eso hasta la fecha se conoce como la Estela de Absalón.

David hace duelo

19 Ajimaz hijo de Sadoc le propuso a Joab:

―Déjame ir corriendo para avisarle al rey que elSeñorlo ha librado del poder de sus enemigos.

20 ―No le llevarás esta noticia hoy —le respondió Joab—. Podrás hacerlo en otra ocasión, pero no hoy, pues ha muerto el hijo del rey.

21 Entonces Joab se dirigió a un soldadocusitay le ordenó:

―Ve tú y dile al rey lo que has visto.

El cusita se inclinó ante Joab y salió corriendo.

22 Pero Ajimaz hijo de Sadoc insistió:

―Pase lo que pase, déjame correr con el cusita.

―Pero, muchacho —respondió Joab—, ¿para qué quieres ir? ¡Ni pienses que te van a dar una recompensa por la noticia!

23 ―Pase lo que pase, quiero ir.

―Anda, pues.

Ajimaz salió corriendo por la llanura y se adelantó al cusita.

24 Mientras tanto, David se hallaba sentado en el pasadizo que está entre las dospuertasde la ciudad. El centinela, que había subido al muro de la puerta, alzó la vista y vio a un hombre que corría solo.

25 Cuando el centinela se lo anunció al rey, este comentó:

―Si viene solo, debe de traer buenas noticias.

Pero, mientras el hombre seguía corriendo y se acercaba,

26 el centinela se dio cuenta de que otro hombre corría detrás de él, así que le anunció al guarda de la puerta:

―¡Por ahí viene otro hombre corriendo solo!

―Ese también debe de traer buenas noticias —dijo el rey.

27 El centinela añadió:

―Me parece que el primero corre como Ajimaz hijo de Sadoc.

―Es un buen hombre —comentó el rey—; seguro que trae buenas noticias.

28 Ajimaz llegó y saludó al rey postrándose rostro en tierra, y le dijo:

―¡Bendito sea elSeñor, Dios de Su Majestad, pues nos ha entregado a los que se habían rebelado en contra suya!

29 ―¿Y está bien el joven Absalón? —preguntó el rey.

Ajimaz respondió:

―En el momento en que tu siervo Joab me enviaba, vi que se armó un gran alboroto, pero no pude saber lo que pasaba.

30 ―Pasa y quédate ahí —le dijo el rey.

Ajimaz se hizo a un lado.

31 Entonces llegó el cusita y anunció:

―Le traigo buenas noticias a Su Majestad. ElSeñorlo ha librado hoy de todos los que se habían rebelado en contra suya.

32 ―¿Y está bien el joven Absalón? —preguntó el rey.

El cusita contestó:

―¡Que sufran como ese joven los enemigos de Su Majestad, y todos los que intentan hacerle mal!

33 Al oír esto, el rey se estremeció; y mientras subía al cuarto que está encima de la puerta, lloraba y decía: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!»

2 Samuel 19

1 Avisaron a Joab que el rey estaba llorando amargamente por Absalón.

2 Cuando las tropas se enteraron de que el rey estaba afligido por causa de su hijo, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el ejército.

3 Por eso las tropas entraron en la ciudad furtivamente, como lo hace un ejército abochornado por haber huido del combate.

4 Pero el rey, cubriéndose la cara, seguía gritando a voz en cuello: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!»

5 Entonces Joab fue adonde estaba el rey y le dijo: «Hoy Su Majestad ha llenado de vergüenza a todos sus siervos que le salvaron lavida, y la de sus hijos e hijas y esposas y concubinas.

6 ¡Usted ama a quienes lo odian, y odia a quienes lo aman! Hoy ha dejado muy en claro que nada le importan sus generales ni sus soldados. Ahora me doy cuenta de que usted preferiría que todos nosotros estuviéramos muertos, con tal de que Absalón siguiera con vida.

7 ¡Vamos! ¡Salga usted y anime a sus tropas! Si no lo hace, juro por elSeñorque para esta noche ni un solo soldado se quedará con usted. ¡Y eso sería peor que todas las calamidades que Su Majestad ha sufrido desde su juventud hasta ahora!»

8 Ante esto, el rey se levantó y fue a sentarse junto a la puerta de la ciudad. Cuando los soldados lo supieron, fueron todos a presentarse ante él.

David regresa a Jerusalén

Los israelitas, mientras tanto, habían huido a sus hogares,

9 y por todas las tribus de Israel se hablaba de la situación. Decían: «El rey nos rescató del poder de nuestros enemigos; él nos libró del dominio de los filisteos. Por causa de Absalón tuvo que huir del país.

10 Pero ahora Absalón, al que habíamos ungido como rey, ha muerto en la batalla. ¿Qué nos impide pedirle al rey que vuelva?»

11 Entonces el rey David mandó este mensaje a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: «Hablen con losancianosde Judá y díganles: “El rey se ha enterado de lo que se habla por todo Israel. ¿Serán ustedes los últimos en pedirme a mí, el rey, que regrese a mi palacio?

12 Ustedes son mis hermanos, ¡son de mi propia sangre! ¿Por qué han de ser los últimos en llamarme?”

13 Díganle también a Amasá: “¿Acaso no eres de mi propia sangre? Tú serás de por vida el general de mi ejército, en lugar de Joab. ¡Que Dios me castigue sin piedad si no lo cumplo!”»

14 Así el rey se ganó el aprecio de todos los de Judá, quienes a una voz le pidieron que regresara con todas sus tropas,

15 de modo que el rey emprendió el viaje y llegó hasta el Jordán. Los de Judá se dirigieron entonces a Guilgal para encontrarse con el rey y acompañarlo a cruzar el río.

16 Pero el benjaminita Simí hijo de Guerá, oriundo de Bajurín, se apresuró a bajar con los de Judá para recibir al rey David.

17 Con él iban mil benjaminitas, e incluso Siba, que había sido administrador de la familia de Saúl, con sus quince hijos y veinte criados. Estos llegaron al Jordán antes que el rey

18 y vadearon el río para ponerse a las órdenes del rey y ayudar a la familia real a cruzar el Jordán. Cuando el rey estaba por cruzarlo, Simí hijo de Guerá se inclinó ante él

19 y le dijo:

―Ruego a mi señor el rey que no tome en cuenta mi delito ni recuerde el mal que hizo este servidor suyo el día en que Su Majestad salió de Jerusalén. Le ruego a Su Majestad que olvide eso.

20 Reconozco que he pecado, y por eso hoy, de toda la tribu de José, he sido el primero en salir a recibir a mi señor el rey.

21 Pero Abisay hijo de Sarvia exclamó:

―¡Simí maldijo alungidodelSeñor, y merece la muerte!

22 David respondió:

―Hijos de Sarvia, esto no es asunto de ustedes, sino mío. Están actuando como si fueran mis adversarios. ¿Cómo va a morir hoy alguien del pueblo, cuando precisamente en este día vuelvo a ser rey de Israel?

23 Y dirigiéndose a Simí, el rey le juró:

―¡No morirás!

24 También Mefiboset, el nieto de Saúl, salió a recibir al rey. No se había lavado los pies ni la ropa, ni se había recortado el bigote, desde el día en que el rey tuvo que irse hasta que regresó sano y salvo.

25 Cuando llegó de Jerusalén para recibir al rey, este le preguntó:

―Mefiboset, ¿por qué no viniste conmigo?

26 ―Mi señor y rey, como este servidor suyo es cojo, yo quería que me aparejaran un asno para montar y así poder acompañarlo. Pero mi criado Siba me traicionó,

27 y ahora me ha calumniado ante Su Majestad. Sin embargo, Su Majestad es como un ángel de Dios y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca.

28 No hay nadie en mi familia paterna que no merezca la muerte en presencia de mi señor el rey. A pesar de eso, Su Majestad le concedió a este servidor suyo comer en la mesa real. ¿Qué derecho tengo de pedirle algo más a Su Majestad?

29 El rey le dijo:

―No tienes que dar más explicaciones. Ya he decidido que tú y Siba se repartan las tierras.

30 ―Él puede quedarse con todo —le respondió Mefiboset—; a mí me basta con que mi señor el rey haya regresado a su palacio sano y salvo.

31 También Barzilay el galaadita bajó al Jordán. Había viajado desde Roguelín para escoltar al rey cuando cruzara el río.

32 Barzilay, que ya era un anciano de ochenta años, le había proporcionado al rey todo lo necesario durante su estadía en Majanayin, pues era muy rico.

33 El rey le dijo:

―Acompáñame. Quédate conmigo en Jerusalén, y yo me encargaré de todo lo que necesites.

34 ―Pero ¿cuántos años de vida me quedan? —respondió Barzilay—. ¿Para qué subir con el rey a Jerusalén?

35 Ya tengo ochenta años, y apenas puedo distinguir lo bueno de lo malo, o saborear lo que como y bebo, o aun apreciar las voces de los cantores y las cantoras. ¿Por qué ha de ser este servidor una carga más para mi señor el rey?

36 ¿Y por qué quiere Su Majestad recompensarme de este modo, cuando tan solo voy a acompañarlo a cruzar el Jordán?

37 Déjeme usted regresar a mi propio pueblo, para que pueda morir allí y ser enterrado en la tumba de mis padres. Pero aquí le dejo a Quimán para que sirva a Su Majestad y lo acompañe a cruzar el río. Haga usted por él lo que haría por mí.

38 ―Está bien —respondió el rey—, Quimán irá conmigo, y haré por él lo que me pides. Y a ti te daré todo lo que quieras.

39 La gente y el rey cruzaron el Jordán. Luego el rey le dio un beso a Barzilay y lo bendijo, y Barzilay volvió a su pueblo.

40 El rey, acompañado de Quimán y escoltado por las tropas de Judá y la mitad de las tropas de Israel, siguió hasta Guilgal.

41 Por eso los israelitas fueron a ver al rey y le reclamaron:

―¿Cómo es que nuestros hermanos de Judá se han adueñado del rey al cruzar el Jordán, y lo han escoltado a él, a su familia y a todas sus tropas?

42 Los de Judá respondieron:

―¿Y a qué viene ese enojo? ¡El rey es nuestro pariente cercano! ¿Acaso hemos vivido a costillas del rey? ¿Acaso nos hemos aprovechado de algo?

43 Pero los israelitas insistieron:

―¿Por qué nos tratan con tanto desprecio? ¡Nosotros tenemos diez veces más derecho que ustedes sobre el rey David! Además, ¿no fuimos nosotros los primeros en pedirle que volviera?

Entonces los de Judá les contestaron aun con más severidad.

2 Samuel 20

Sabá se rebela contra David

1 Por allí se encontraba un malvado que se llamaba Sabá hijo de Bicrí, que era benjaminita. Dando un toque de trompeta, se puso a gritar:

«¡Pueblo de Israel, todos a sus casas,

pues no tenemos parte con David,

ni herencia con el hijo de Isaí!»

2 Entonces todos los israelitas abandonaron a David y siguieron a Sabá hijo de Bicrí. Los de Judá, por su parte, se mantuvieron fieles a su rey y lo acompañaron desde el Jordán hasta Jerusalén.

3 Cuando el rey David llegó a su palacio en Jerusalén, sacó a las diez concubinas que había dejado a cargo del palacio y las puso bajo vigilancia. Siguió manteniéndolas, pero no volvió a acostarse con ellas. Hasta el día de su muerte, quedaron encerradas y viviendo como si fueran viudas.

4 Luego el rey le ordenó a Amasá: «Moviliza a las tropas de Judá, y preséntate aquí con ellas dentro de tres días».

5 Amasá salió para movilizar a las tropas, pero no cumplió con el plazo.

6 Por eso David le dijo a Abisay: «Ahora Sabá hijo de Bicrí va a perjudicarnos más que Absalón. Así que hazte cargo de la guardia real, y sal a perseguirlo, no sea que llegue a alguna ciudad fortificada y se nos escape».

7 Entonces los soldados de Joab, junto con los quereteos, los peleteos y todos los oficiales, bajo el mando de Abisay salieron de Jerusalén para perseguir a Sabá hijo de Bicrí.

8 Al llegar a la gran roca que está en Gabaón, Amasá les salió al encuentro. Joab tenía su uniforme ajustado con un cinturón, y ceñida al muslo llevaba una daga envainada. Pero, al caminar, la daga se le cayó.

9 Con la mano derecha, Joab tomó a Amasá por la barba para besarlo, mientras le preguntaba: «¿Cómo estás, hermano?»

10 Amasá no se percató de que en la otra mano Joab llevaba la daga, así que Joab se la clavó en el vientre, y las entrañas de Amasá se derramaron por el suelo. Amasá murió de una sola puñalada, y luego Joab y su hermano Abisay persiguieron a Sabá hijo de Bicrí.

11 Uno de los soldados de Joab, deteniéndose junto al cuerpo de Amasá, exclamó: «¡Todos los que estén a favor de Joab y que apoyen a David, sigan a Joab!»

12 Como el cuerpo de Amasá, bañado en sangre, había quedado en medio del camino, todas las tropas que pasaban se detenían para verlo. Cuando aquel soldado se dio cuenta de esto, retiró el cuerpo hacia el campo y lo cubrió con un manto.

13 Luego de que Amasá fue apartado del camino, todas las tropas fueron con Joab a perseguir a Sabá hijo de Bicrí.

14 Sabá recorrió todas las tribus de Israel, hasta llegar a Abel Betmacá, y allí todos los del clan de Bicríse le unieron.

15 Las tropas de Joab llegaron a la ciudad de Abel Betmacá y la sitiaron. Construyeron una rampa contra la fortificación para atacar la ciudad y, cuando los soldados comenzaban a derribar la muralla,

16 una astuta mujer de la ciudad les gritó:

―¡Escúchenme! ¡Escúchenme! Díganle a Joab que venga acá para que yo pueda hablar con él.

17 Joab se le acercó.

―¿Es usted Joab? —le preguntó la mujer.

―Así es.

Entonces la mujer le dijo:

―Ponga atención a las palabras de esta servidora suya.

―Te escucho —respondió Joab.

18 Ella continuó:

―Antiguamente, cuando había alguna discusión, la gente resolvía el asunto con este dicho: “Vayan y pregunten en Abel”.

19 Nuestra ciudad es la más pacífica y fiel del país, y muy importante en Israel; usted, sin embargo, intenta arrasarla. ¿Por qué quiere destruir la heredad delSeñor?

20 ―¡Que Dios me libre! —replicó Joab—. ¡Que Dios me libre de arrasarla y destruirla!

21 Yo no he venido a eso, sino a capturar a un hombre llamado Sabá hijo de Bicrí. Es de la sierra de Efraín y se ha sublevado contra el rey David. Si me entregan a ese hombre, me retiro de la ciudad.

―Muy bien —respondió la mujer—. Desde la muralla arrojaremos su cabeza.

22 Y fue tal la astucia con que la mujer habló con todo el pueblo, que le cortaron la cabeza a Sabá hijo de Bicrí y se la arrojaron a Joab. Entonces Joab hizo tocar la trompeta, y todos los soldados se retiraron de la ciudad y regresaron a sus casas. Joab, por su parte, volvió a Jerusalén para ver al rey.

23 Joab era general en jefe del ejército de Israel; Benaías hijo de Joyadá estaba al mando de los quereteos y los peleteos;

24 Adonirán supervisaba el trabajo forzado; Josafat hijo de Ajilud era el secretario;

25 Seva era el cronista; Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes;

26 Ira el yairita era sacerdote personal de David.

2 Samuel 21

Los gabaonitas se vengan

1 Durante el reinado de David hubo tres años consecutivos de hambre. David le pidió ayuda alSeñor, y él le contestó: «Esto sucede porque Saúl y su sanguinaria familia asesinaron a los gabaonitas».

2 Los gabaonitas no pertenecían a la nación de Israel, sino que eran un remanente de los amorreos. Los israelitas habían hecho un pacto con ellos, pero tanto era el celo de Saúl por Israel y Judá que trató de exterminarlos. Entonces David convocó a los gabaonitas

3 y les preguntó:

―¿Qué quieren que haga por ustedes? ¿Cómo puedo reparar el mal que se les ha hecho, de modo que bendigan al pueblo que es herencia delSeñor?

4 Los gabaonitas respondieron:

―No nos interesa el dinero de Saúl y de su familia, ni tampoco queremos que muera alguien en Israel.

―Entonces, ¿qué desean que haga por ustedes? —volvió a preguntar el rey.

5 ―Saúl quiso destruirnos —contestaron ellos—; se propuso exterminarnos y nos expulsó de todo el territorio israelita.

6 Por eso pedimos que se nos entreguen siete de los descendientes de Saúl, a quien elSeñorescogió, para colgarlos en presencia delSeñoren Guibeá de Saúl.

―Se los entregaré —les prometió el rey.

7 Sin embargo, por el juramento que David y Jonatán se habían hecho en presencia delSeñor, el rey tuvo compasión de Mefiboset, que era hijo de Jonatán y nieto de Saúl.

8 Pero mandó apresar a Armoní y a Mefiboset, los dos hijos que Rizpa hija de Ayá había tenido con Saúl, y a los cinco hijos que Merabhija de Saúl había tenido con Adriel hijo de Barzilay, el mejolatita.

9 David se los entregó a los gabaonitas, y ellos los colgaron en un monte, en presencia delSeñor. Los siete murieron juntos, ajusticiados en los primeros días de la siega, cuando se comenzaba a recoger la cebada.

10 Rizpa hija de Ayá tomó un saco y lo tendió para acostarse sobre la peña, y allí se quedó desde el comienzo de la siega hasta que llegaron las lluvias. No permitía que las aves en el día ni las fieras en la noche tocaran los cadáveres.

11 Cuando le contaron a David lo que había hecho Rizpa hija de Ayá y concubina de Saúl,

12 fue a recoger los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán, que estaban en Jabés de Galaad. Los filisteos los habían colgado en la plaza de Betsán el día en que derrotaron a Saúl en Guilboa, pero los habitantes de la ciudad se los habían robado de allí.

13 Así que David hizo que los trasladaran a Jerusalén, y que recogieran también los huesos de los siete hombres que habían sido colgados.

14 Así fue como los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán fueron enterrados en la tumba de Quis, el padre de Saúl, que está en Zela de Benjamín. Todo se hizo en cumplimiento de las órdenes del rey, y después de eso Dios tuvo piedad del país.

Hazañas de los oficiales de David

15 Los filisteos reanudaron la guerra contra Israel, y David salió con sus oficiales para hacerles frente. Pero David se quedó agotado,

16 así que intentó matarlo un gigantellamado Isbibenob, que iba armado con una espada nueva y una lanza de bronce que pesaba más de tres kilos.

17 Sin embargo, Abisay hijo de Sarvia fue en su ayuda e hirió al filisteo y lo mató. Allí los soldados de David le hicieron este juramento: «Nunca más saldrá Su Majestad con nosotros a la batalla, no sea que alguien lo mate y se apague la lámpara de Israel».

18 Algún tiempo después hubo en Gob otra batalla con los filisteos, y en esa ocasión Sibecay el jusatita mató al gigante Saf.

19 En una tercera batalla, que también se libró en Gob, Eljanán hijo de Yaré Oreguín, oriundo de Belén, mató a Goliatel guitita, cuya lanza tenía un asta tan grande como el rodillo de un telar.

20 Hubo una batalla más en Gat. Allí había otro gigante, un hombre altísimo que tenía veinticuatro dedos, seis en cada mano y seis en cada pie.

21 Este se puso a desafiar a los israelitas, pero Jonatán hijo de Simá, que era hermano de David, lo mató.

22 Esos cuatro gigantes, que eran descendientes de Rafá el guitita, cayeron a manos de David y de sus oficiales.

2 Samuel 22

Salmo de David

1 David dedicó alSeñorla letra de esta canción cuando elSeñorlo libró de Saúl y de todos sus enemigos.

2 Dijo así:

«ElSeñores miroca, mi amparo, mi libertador;

3 es mi Dios, el peñasco en que me refugio.

Es mi escudo, el poder que me salva,

¡mi más alto escondite!

Él es mi protector y mi salvador.

¡Tú me salvaste de la violencia!

4 Invoco alSeñor, que es digno de alabanza,

y quedo a salvo de mis enemigos.

5 »Las olas de la muerte me envolvieron;

los torrentes destructores me abrumaron.

6 Me enredaron los lazos delsepulcro,

y me encontré ante las trampas de la muerte.

7 En mi angustia invoqué alSeñor;

llamé a mi Dios,

y él me escuchó desde su templo;

¡mi clamor llegó a sus oídos!

8 »La tierra tembló, se estremeció;

se sacudieron los cimientos de los cielos;

¡se tambalearon a causa de su enojo!

9 Por la nariz echaba humo,

por la boca, fuego consumidor;

¡lanzaba carbones encendidos!

10 »Rasgando el cielo, descendió,

pisando sobre oscuros nubarrones.

11 Montando sobre unquerubín, surcó los cielos

y se remontósobre las alas del viento.

12 De las tinieblas y de los cargados nubarrones

hizo pabellones que lo rodeaban.

13 De su radiante presencia

brotaron carbones encendidos.

14 »Desde el cielo se oyó el trueno delSeñor,

resonó la voz delAltísimo.

15 Lanzó flechas y centellas contra mis enemigos;

los dispersó y los puso en fuga.

16 A causa de la reprensión delSeñor,

y por el resoplido de su enojo,

las cuencas del mar quedaron a la vista;

¡al descubierto quedaron los cimientos de la tierra!

17 »Extendiendo su mano desde lo alto,

tomó la mía y me sacó del mar profundo.

18 Me libró de mi enemigo poderoso,

de aquellos que me odiaban

y que eran más fuertes que yo.

19 En el día de mi desgracia

me salieron al encuentro,

pero mi apoyo fue elSeñor.

20 Me sacó a un amplio espacio;

me libró porque se agradó de mí.

21 »ElSeñorme ha pagado conforme a mijusticia,

me ha premiado conforme a lalimpiezade mis manos;

22 pues he andado en loscaminosdelSeñor;

no he cometido mal alguno

ni me he apartado de mi Dios.

23 Presentes tengo todas sus sentencias;

no me he alejado de susdecretos.

24 He sido íntegro ante él

y me he abstenido de pecar.

25 ElSeñorme ha recompensado conforme a mi justicia,

conforme a mi limpieza delante de él.

26 »Tú eres fiel con quien es fiel,

e irreprochable con quien es irreprochable;

27 sincero eres con quien es sincero,

pero sagaz con el que es tramposo.

28 Das lavictoriaa los humildes,

pero tu mirada humilla a los altaneros.

29 Tú,Señor, eres mi lámpara;

tú,Señor, iluminas mis tinieblas.

30 Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército:

contigo, Dios mío, podré asaltar murallas.

31 »El camino de Dios esperfecto;

la palabra delSeñores intachable.

Escudo es Dios a los que en él se refugian.

32 ¿Pues quién es Dios, si no elSeñor?

¿Quién es la roca, si no nuestro Dios?

33 Es él quien me arma de valor

y endereza mi camino;

34 da a mis pies la ligereza del venado,

y me mantiene firme en las alturas;

35 adiestra mis manos para la batalla,

y mis brazos para tensar arcos de bronce.

36 Tú me cubres con el escudo de tusalvación;

tu bondad me ha hecho prosperar.

37 Me has despejado el camino;

por eso mis tobillos no flaquean.

38 »Perseguí a mis enemigos y los destruí;

no retrocedí hasta verlos aniquilados.

39 Los aplasté por completo. Ya no se levantan.

¡Cayeron debajo de mis pies!

40 Tú me armaste de valor para el combate;

bajo mi planta sometiste a los rebeldes.

41 Hiciste retroceder a mis enemigos,

y así exterminé a los que me odiaban.

42 Pedían ayuda; no hubo quien los salvara.

AlSeñorclamaron, pero no les respondió.

43 Los desmenucé. Parecían el polvo de la tierra.

¡Los pisoteé como al lodo de las calles!

44 »Me has librado de una turba amotinada;

me has puesto por encima de lospaganos;

me sirve gente que yo no conocía.

45 Son extranjeros, y me rinden homenaje;

apenas me oyen, me obedecen.

46 ¡Esos extraños se descorazonan,

y temblando salen de sus refugios!

47 ¡ElSeñorvive! ¡Alabada sea mi roca!

¡Exaltado sea Dios mi Salvador!

48 Él es el Dios que me vindica,

el que pone los pueblos a mis pies.

49 Tú me libras de mis enemigos,

me exaltas por encima de mis adversarios,

me salvas de los hombres violentos.

50 Por eso,Señor, te alabo entre las naciones

y canto salmos a tunombre.

51 »ElSeñorda grandes victorias a su rey;

a suungidoDavid y a sus descendientes

les muestra por siempre su gran amor».